Martes, 29 Agosto 2017 18:41 Publicado en Prevención

 

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Hoy en día, los niños nacen en un mundo diferente, un mundo rodeado de tecnología. El tiempo ha cambiado y contamos con grandes avances que nos facilitan una rápida comunicación; sin embargo, esto se puede convertir en una problemática cuando existe ausencia en la interacción de los niños con el núcleo familiar debido a la intervención de las pantallas digitales.

Detecta los síntomas
Debemos detenernos a ver qué avances tecnológicos pueden afectar a nuestros pequeños, específicamente en materia de salud. Los niños que pasan largas horas frente a las pantallas suelen tener repercusiones, como la formación de un vicio y trastorno del sueño. Si se suma una mala alimentación y pasar mucho tiempo en la misma posición, implica que el retorno venoso no sea adecuado, lo que puede provocar mareos, visión borrosa, cefalea y, si no hace ejercicio o si no toma agua, se podría contribuir al desarrollo del síncope vasovagal, es decir: una disminución repentina de la frecuencia cardíaca y la presión arterial que suele terminar en desmayos. Estos síntomas se presentaban comúnmente en adolescentes, pero actualmente hay niños menores de cinco años que sufren estos padecimientos: desmayos, baja energía o deficiente capacidad intelectual escolar.

Al día de hoy, es necesario estar al tanto de cuántas horas pasan frente a la pantalla nuestros hijos para que el médico realice un diagnóstico correcto. Para evitar padecimientos cardiovasculares a temprana edad, se recomienda comer cinco frutas, pasar solo dos horas al día frente a un aparato electrónico, tener una hora de juego y consumir cero azúcares (especialmente si hablamos de bebidas) para poder llevar una vida saludable.

Recomendaciones para tu salud
Por esta razón, la Academia Americana de Pediatría (AAP) ha publicado recientemente nuevas recomendaciones para padres y madres en lo que al uso de pantallas y medios se refiere:

Antes de los dieciocho meses
•Se recomienda no brindarles pantallas o aparatos electrónicos.

Entre los dieciocho y veinticuatro meses
•Si los padres quieren brindarles contenido digital a niños mayores de 18 meses, deben considerar que el contenido sea de alta calidad y que sea siempre en su compañía para poder atender lo que están viendo.

Entre los dos y cinco años
•Pasada la barrera de los dos años y hasta los cinco, se debe limitar el uso de los medios a una hora al día, e igualmente tiene que ser contenido de alta calidad. De nuevo, los padres tienen que acompañar a sus hijos para ayudarlos a entender lo que están viendo y aplicarlo con sensatez al mundo que les rodea.

A partir de los seis años
•A partir de los 6 años, se considera que lo que hay que buscar es el equilibrio del juego, con medios digitales, y el consumo de programas dentro de la vida diaria de los niños. Debe haber límites coherentes tanto en el tiempo que pasan delante de las pantallas como en el tipo de contenido que miran, para no afectar el sueño, la actividad física y el modo de comunicarse con otros niños y adultos.

•Se sugiere que se asignen horarios totalmente libres de contenido mediático a la hora de comer, un rato antes de ir a dormir (ya que puede afectar su capacidad de conseguir un sueño tranquilo) o mientras estén haciendo otras actividades (si están pintando, dibujando o jugando es necesario apagar la televisión), así como tener zonas libres de pantallas en la casa, como las habitaciones.

 

Dra. Erika Flor Sosa
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Cardiología Pediátrica
Céd. Prof. 3946943

Céd. Esp. 7130992 Tel. 109 0532

Miércoles, 05 Julio 2017 18:49 Publicado en Prevención

 

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La adolescencia es la etapa del desarrollo humano que se caracteriza por cambios físicos, psicológicos, sociales. Como padres de familia debemos estar informados sobre estos cambios ya que, de esta forma, nos es más fácil detectar las anomalías que pueden presentarse.

En ocasiones, no conocemos la magnitud del impacto que estos cambios pueden generar en nuestros hijos, y por lo mismo no percibimos la difusa línea entre lo patológico y lo que puede ser perfectamente normal. Para esto podemos apoyarnos de nuestros profesionales de salud.

La Academia de Pediatría Americana (AAP por sus siglas en inglés) recomienda que los adolescentes de entre 11 y 21 años acudan anualmente a un chequeo con su médico. Pero, ¿qué podemos esperar de estos chequeos anuales? A continuación, te describimos algunos de ellos:

Examen físico
•Brinda información vital para el médico como altura, peso, presión arterial y frecuencia cardiaca.
•Exámenes de la vista y audición
•Se busca la detección de nódulos linfáticos inflamados, sonidos anormales en el corazón y revisión de postura corporal, entre otros.
Si es encontrada una alteración en cualquiera de estas mediciones, el médico puede realizar estudios más específicos de gabinete y laboratorio. Estos brindarán información complementaria para tener un panorama más claro y analizar su abordaje posterior.

Entrevista
Por medio de preguntas, el médico aborda temas de relevancia para la salud del adolescente. En las mujeres, un tema clave es, sin duda, el relacionado con su sistema reproductor. Conocer la edad de su primera menstruación, regularidad de sus periodos, duración y síntomas, brindan información muy valiosa al médico. Al igual que en el examen físico, a la menor sospecha de alguna anormalidad, se pedirán otros estudios para garantizar un estado de salud óptimo.

Es importante que el adolescente tenga información sobre prácticas sexuales saludables, incluyendo métodos de protección contra enfermedades de transmisión sexual (ETS) y anticonceptivos. Por lo tanto, es buena idea que el adolescente tenga un médico de confianza con quien pueda discutir su vida sexual, para que el profesional tenga una idea de posibles riesgos a los que puede estar expuesto el paciente. Brindar información de los distintos métodos anticonceptivos, prevención de ETS, al igual que consecuencias de las prácticas sexuales de alto riesgo, contribuye a crear conciencia en los adolescentes para una sexualidad más sana.

Prevenir para vivir mejor
Debe fomentarse la autoexploración periódica de senos y de testículos, y el médico debe enseñar cómo distinguir lo que es normal y lo que no. Es aquí que, como padres, debemos de incentivar a nuestros hijos a preguntar cualquier duda que puedan tener, por insignificante o vergonzosa que les parezca. Brindarles esa confianza de poder expresarse sin miedo a ser juzgados generará un ambiente de apertura y comunicación más seguro para ellos.

Todo este proceso, aunque parezca en un inicio complicado o tedioso, nos permite involucrar de forma activa a nuestros hijos en temas de su propia salud, empoderándolos hacia una cultura de prevención, de toma de hábitos y estilos de vida más sanos.

María Fernanda Dávila Ortiz

Licenciada en psicología con estudios en medicina
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Jueves, 29 Junio 2017 21:35 Publicado en Prevención

 

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Ante el fenómeno del cambio climático, el Estado de Sonora tiene mayores probabilidades de verse afectado con el incremento de las temperaturas. Los problemas de salud más frecuentes, debido a las altas temperaturas que se registran principalmente en verano, son: el golpe de calor, la insolación y deshidratación, de acuerdo al Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades de la Secretaria de Salud (CENAVECE).


Es importante que en el verano todos reconozcan los indicadores de riesgo como consecuencia de la exposición directa a los rayos del sol y las altas temperaturas, propias de la estación. El golpe de calor e insolación es un cuadro médico grave que pone en peligro la vida; se produce cuando la temperatura corporal se eleva por encima de 39.4°C a 41°C o más. Puede ser resultado de exponerse a las altas temperaturas ambientales, actividad física vigorosa o por otras condiciones que elevan la temperatura corporal y provocan que el organismo sea incapaz de regular su propia temperatura, lo que produce un desajuste térmico que requiere atención médica inmediata para prevenir daño a órgano blanco (corazón, cerebro y riñón, entre otros) o la muerte.

El calor induce daño en los tejidos corporales, la severidad es dependiente del llamado máximo térmico crítico (nivel y duración del calentamiento central del organismo). El máximo térmico crítico en el humano es de 41.6°C a 42°C entre 45 minutos y ocho horas. En temperaturas corporales extremas 49°C o 50°C, todas las estructuras se destruyen en menos de 5 minutos.


Los síntomas del golpe de calor varían, pueden presentarse: temperatura muy elevada, piel roja, caliente y seca (sin sudor), pulso acelerado, dolor palpitante de cabeza, mareo, nausea, confusión y perdida de la conciencia.
Cualquier persona puede sufrir golpes de calor, sin embargo, los grupos más vulnerables son los menores de cinco años de edad, los adultos mayores de 60 años y las personas con enfermedades crónicas, como hipertensión o diabetes, por lo que hay que proporcionarles más atención; asimismo, las personas que trabajan o hacen ejercicio en un ambiente con altas temperaturas.

El autocuidado de la salud es la mejor medida de prevención para evitar estas enfermedades, por lo que se invita a la población a seguir las siguientes recomendaciones:

• Evita permanecer por tiempo prolongado bajo los rayos del sol.
• Usa sombreros o sombrillas y mantente en lugares frescos.
• Usar ropa ligera y de colores claros.
• Aumenta el consumo de líquidos durante la exposición a los rayos solares y evita la ingesta de bebidas alcohólicas.
• Evita permanecer dentro de un vehículo caliente. Cuando tu automóvil está estacionado en el sol, puede alcanzar una temperatura de hasta 71°C.
• Limita tus actividades al aire libre en lo posible entre las 11 y 16 horas del día, realízalas por la mañana o al atardecer.
• Nunca dejes a nadie en un vehículo estacionado y cerrado.

Dra. Alba Priscila Sauceda López. Medicina Integrada. Encargada del Departamento de Epidemiología del H.G. “Dr. Fernando Ocaranza” ISSSTE, Hermosillo. Cédula Profesional: 5177317 SSP. 760509. Cédula Especialidad: 6843592 SSP. ESP. 8/12

 
 

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