Martes, 20 Enero 2015 19:38 Publicado en Prevención

 

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Lic. Carla Elisa Echavarri
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Crecer con un cerebro saludable y bien desarrollado debería ser considerado un derecho primordial del ser humano. Según el Dr. Carlos Logatt, especialista en neurociencias de la Universidad de Buenos Aires, el carecer de su pleno potencial trae como consecuencia un sinnúmero de limitaciones que afectan nuestra calidad de vida perdiendo capacidades como: la aptitud de conducirnos libremente y por nuestros propios medios, la capacidad de controlar nuestra propia vida, y la posibilidad de interactuar éticamente con nuestros semejantes.

Sufrir algún daño cerebral en especial en sus áreas más evolucionadas y sensibles como lo son los lóbulos prefrontales conduce a la pérdida parcial o total de las funciones ejecutivas. Éstas son todas aquellas habilidades vinculadas a la capacidad y habilidad de organizar y planificar una tarea, seleccionar apropiadamente los objetivos, iniciar un plan y sostenerlo en la mente mientras se ejecuta, inhibir las distracciones, cambiar las estrategias de un modo flexible si el caso lo requiere, autorregular y controlar el curso de la acción para asegurarse que la meta propuesta esté en vías de lograrse (Soprano, 2003). Son estas capacidades las que realmente definen la condición del ser humano permitiéndonos pensar y tomar decisiones de manera creativa además de comprender y controlar nuestro propio mundo emocional al mismo tiempo de comprender y sentir el mundo emocional de los demás (predicción de estados de ánimo y empatía) (Logatt).

Las palabras de Hipócrates “que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina” continúan siendo certeras, ya que los lóbulos prefrontales por ser las estructuras más evolucionadas del cerebro son los que más sufren las deficiencias de las proteínas, de ácidos grasos insaturados, de vitaminas y minerales. La alimentación es pues por desgracia el primer factor de incidencia en la salud cerebral y el menos controlado de todos.

Lo sorprendente es que esta falla en la alimentación no es privativa de las clases económicamente desfavorecidas. Según datos de la ONU si bien aproximadamente un séptimo de la población mundial, unos mil millones de seres humanos, se alimentan mal al sobrevivir con menos de un dólar al día, las clases más acomodadas también tienen una forma de alimentación inadecuada para la salud cerebral, siendo su máximo exponente la denominada comida chatarra saturada de substancias químicas nocivas y desprovista casi por completo de los nutrientes necesarios para mantener un cerebro saludable (Logatt).

Aunque el cerebro pesa solamente 1.4 kg, el 2% del peso corporal, consume casi el 20% de la energía que aportamos al cuerpo por ende una alimentación saludable debe cuidar al cerebro de distintas maneras fortaleciendo los vasos sanguíneos de manera que el oxígeno y los nutrientes que viajan por la sangre lleguen correctamente a cada célula y aportando aquellos nutrientes que promuevan y participen en el crecimiento de nuevas células cerebrales y nuevas conexiones neuronales (Roman).

Los alimentos básicos para el cerebro son el oxígeno, la glucosa, y la grasa insaturada en particular omega 3 y 6. Se recomienda pues la ingesta del aceite de oliva, de frutas y nueces secas por su importante aporte de vitamina E y de pescado azul o rosado además de alimentos ricos en vitamina B como el pavo, la leche magra y huevos. Cereales como la avena rica en tiamina o vitaminas B1 y proteínas ayudan al sistema nervioso y mejoran la memoria de largo plazo. Así mismo el consumo de hierbas como el perejil, espinacas, espárragos y frutos rojos aportan antioxidantes que ayudan a proteger al cerebro de substancias que puedan dañar sus células. Otras substancias claves son los polifenoles, diterpenos, taninos y flavonoides que se encuentran el té verde, el tomate y plantas como el ginkobiloba y el romero que facilitan la concentración y la memoria.

Además de alimentar bien el cerebro es fundamental mantenerlo activo aprendiendo cosas nuevas como otro idioma o un instrumento, y ejercitarlo con lecturas, aritmética, crucigramas, juegos de memoria y sudokus sin olvidar el ejercicio físico regular, ya que se ha descubierto que este promueve la creación de nuevas conexiones neuronales que ayudan a conservar los lóbulos frontales y retardan el envejecimiento cerebral y la pérdida de memoria.

 

Escribió: Lic. Carla Elisa Echavarri, maestra en ciencias de la salud UNISON con especialidad en psicología Guestalt. E mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. cel. 662 174 1080

Martes, 06 Enero 2015 20:05 Publicado en Prevención

 

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Dr. Rafael Iñigo Pavlovich
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La mujer practica deporte por varios motivos, sea el de competencia, o bien el placer de verse y sentirse mejor. Los gimnasios se abren por docenas y siempre existe una clientela ávida de ejercicio esperando nuevas propuestas.
La práctica del deporte en la mujer conlleva al conocimiento de la mecánica, que es el resultado de los esfuerzos vertidos por los brazos de palanca como los huesos largos accionados por los músculos. Por ejemplo, la mujer tiene más probabilidades de lesionarse el ligamento cruzado anterior de la rodilla que el hombre por tener las rodillas en una forma muy especial, es decir un poco hacia adentro, esto cambia la incidencia de las fuerzas y es más fácil generar fuerza de torque o de rotación que lleguen a romper este importante ligamento.

Existen consideraciones de la moda por las cuales una mujer deberá de tener en cuenta si no quiere lastimarse o bien sufrir de desgarros musculares frecuentes.

El uso de tacones hace que el talón esté oblicuo comparado con el piso. Este tipo de zapato popularmente usado por quien requiere de más altura de la concebida, logra con el paso del tiempo un acortamiento de las estructuras músculo tendinosas posteriores que al momento de usar los tenis o sandalia, y estirar dolorosamente el talón, puede tener consecuencias muy incómodas para la rodilla y para los músculos de ésta.

Es entonces que hay que usar tenis con un poco de elevación si tal es el caso, pues de pronto, el deporte se convertirá en un calvario en vez de una fuente de placer y de salud. Es importante pues, que la elevación provenga del talón con alguna ayuda que lo eleve y que al mismo tiempo no pierda estabilidad. Esta sencilla, pero efectiva medida, nos podría ahorrar dolores y alejamientos de la práctica del deporte.

El calentamiento es adecuado y debe de ser una rutina, aunque no complicada y más bien como una pequeña iniciación que le recuerde al cerebro cómo mover o coordinar a los músculos y huesos, todos en una sinfónica armonía “kinética”.

Es también importante comprender que si estamos haciendo ejercicio para bajar de peso, esto no ocurrirá masivamente así nos pasemos todo el domingo metidos en el gimnasio; esto es un proceso que si no se respeta, nos meterá en un berenjenal de catastróficas consecuencias. Por ejemplo entrenar bicicleta spinning a razón de cuarenta minutos diarios sin haber tenido experiencia, nos conlleva a una lesión de la rodilla que puede requerir de operación.
Siempre tendremos en cuenta que el inicio de la práctica deportiva es mucho más lento que nuestro ánimo y deseos de que esto ocurra.

Es bueno combinar, el ejercicio aeróbico con el anaeróbico. El ejemplo del aeróbico es la bicicleta, el trote, la natación; y el del anaeróbico, es el del ejercicio progresivo con persistencia, tal como las pesas y aparatos, que nos permiten ejercitarnos con una resistencia en contra para que podamos efectuar un esfuerzo, mismo que si lo repetimos sabiamente, le daremos tiempo al cuerpo de adaptarse y, con ello, evitaremos los desgarros musculares y tendinosos.

Si, por otra parte, nuestro entrenamiento se encuentra en franca progresión, llegaremos muy pronto a la lesión, así que mejor controlar los ánimos y hacer una rutina más modesta pero más efectiva vista a un largo plazo.
El ejercicio deberá ser de tal manera que nos produzca placer el sólo pensar en ir a efectuarlo; muchas rutinas son a veces mortalmente aburridas y eso provoca una deserción y una decepción también.

La vida de una mujer en estos tiempos es verdaderamente de mucha demanda pues no sólo hay un hogar que vigilar y darle mantenimiento sino que, además, hay que estar física y mentalmente al cuidado de los hijos, sean las tareas, los deberes, los compromisos de la escuela, y todo esto drena energía. Por esto es particularmente importante el dedicar un tiempo a darse mantenimiento y, con ello, aumentar la autoestima y el placer de ser en el día a día.

Dr. Rafael Inigo Pavlovich, PhD, FACS. Ortopedista y Médico del Deporte. Especialista en Rodilla (Ced. Profesiones Estado de Sonora 002). Doctorado en Medicina y Cirugía (Cum Laude) por la Univ. Complutense de Madrid. Asociado al Instituto Bio5 Universidad de Arizona. Ced. Esp. AE004984. Subespecialidad SEC Profesiones 002.

Martes, 09 Diciembre 2014 20:25 Publicado en Prevención

 

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Dr. Raúl Martinez Mir
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Antes que nada me gustaría matizar el término adicción. Según la OMS se tienen que dar tres factores para hablar de una adicción; una búsqueda compulsiva de la sustancia, síndrome de abstinencia y tolerancia. Dadas esta características hablamos de sustancias, y hasta el día de hoy tan sólo se reconoce a la ludopatía como la única adicción sin sustancia.

Sin embargo, algunas personas tienen comportamientos que caracterizamos de adictivos, por la frecuencia o recurrencia en comportamientos, que podemos entender como normales en unas ocasiones, pero cuando los mismos se vuelven muy frecuentes o incluso parece que nunca tienen fin, o que siempre están descontentos, tendemos a llamar adictivos. Es el caso que nos ocupa el día de hoy, la adicción al bisturí, refiriéndonos a aquellas personas que se están haciendo casi constantemente “retoques” quirúrgicos-plásticos, considerados innecesarios por la mayoría de las personas. Llegando en ocasiones a acabar con auténticas deformidades, e incluso afeando más a las personas que se las realizan.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), editado por la Asociación Americana de Psiquiatría, habla de varios trastornos que tienen que ver con este “no verse bien”.

Comencemos por el caso de la dismorfofobia; las personas con esta patología sienten que tienen una parte de su cuerpo distinta, más grande, más pequeña, deforme, etc., esto les genera mucha ansiedad y tienden a cubrir la misma y esconderla de alguna forma, por ejemplo, si creo tener una oreja más grande que otra, me dejo el pelo más largo para taparla, etc.

Existen otras patologías que cursan con percepciones distorsionadas del cuerpo, como es el caso de la anorexia nerviosa y de la vigorexia. En ambos casos, se ha demostrado que la persona que padece estas patologías tiene una percepción distorsionada de su cuerpo, viéndose demasiado gorda en el caso de la anorexia, o viéndose como muy débil, en el caso de la vigorexia. En estas patologías intentan compensar su percepción restringiendo más su alimentación, o haciendo mucho más ejercicio, respectivamente.

Sin embargo, ninguno de estos cuadros patológicos explican de forma alguna esa supuesta adicción al bisturí. Podemos intentar valorar el efecto de las operaciones que tiene sobre algunas personas, y sobre todo como éstas redundan en su entorno social. Imaginemos, por ejemplo, que una mujer decide operarse su busto, porque considera que éste es demasiado pequeño. Tras realizar esta operación, es la envidia de sus amigas, se convierte en centro de atención de muchos hombres y de los comentarios de casi todo su alrededor. Es lo que conocemos como un refuerzo positivo, esta mujer se siente muy bien, porque esta operación implica, no sólo un cambio físico, sino también una demostración de estatus económico, no se opera cualquiera, además de todos los comentarios reforzantes sociales. Pero, es obvio que esto no va a durar siempre, y que aquellas personas de su entorno que la han reforzado con sus comentarios y su atención llegará un momento que, por simple habituación, dejarán de hacerlo, ya la tienen vista y se acostumbraron a su nueva apariencia. Si estamos hablando de una mujer con una personalidad histriónica, le gusta llamar y ser el centro de atención, como por ejemplo pasa con algunos actores y actrices, esta reducción de atención la hará sentirse mal, o incluso sentir que le falta algo, y tal vez comience a considerar otra operación, que unido a la moda, dictará que tendrá que “retocarse”, para nuevamente ser centro de atención de todo su entorno y envidia de sus amigas, quienes además habrán comenzado una carrera por “operarse como hizo la fulanita” porque ellas “no van a ser menos”, incluso llegando a aquel famoso “si todas lo han hecho, como yo no”.

Hay también ocasiones en que la persona considera que la operación pondrá fin a su situación social, por ejemplo hay quienes piensan que haciéndose una liposucción o lipectomía, se verán más delgados y esbeltos, y así mejorarán sus relaciones sociales, porque se verán mas guapos y todos querrán estar con ellos. Y cuando finalmente se la hacen, descubren que no ocurre nada y, en lugar de pensar en cambiar su comportamiento y mejorarlo, centran su atención en una nueva cirugía, pensando que así mejorarán su relación.

Incluso hay quienes simplemente esperan, mediante la cirugía, obtener ese ansiado cuerpazo que tiene tal o cual, actor o modelo, y simplemente después los resultados no son los mismos, por obvias razones, además del Photoshop.

La realidad es que, en ocasiones una operación estética puede ser recomendable para la persona, sin embargo, en la mayoría de las ocasiones tal vez primero tendría que aceptar quién es y cómo es, y finalmente cuando ya haya pasado este trance, considerar la necesidad de una cirugía. Piense el lector que en muchas clínicas estadounidenses de cirugía, antes de pasar por quirófano muchos pacientes pasan por la consulta del psicólogo. Igualmente, también son muchos los doctores que se niegan a realizar más operaciones a ciertas personas, caso claro de lo ocurrido con el Dr. Jorge Krasovsky quién se negó a realizar más operaciones a, en aquel momento su pareja sentimental, la actriz y presentadora Galilea Montijo.

Finalmente, si después de estas consideraciones usted sigue pensando en pasar por quirófano, la mejor recomendación que puedo hacerle es que lo haga con profesionales especializados, recuerde que al final lo barato sale caro.

 

Dr. Raúl Martínez Mir, Psicólogo. Clínica Tepeyac. Cel. (662) 148-8850

 
 

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