Martes, 09 Diciembre 2014 20:25 Publicado en Prevención

 

prevencion09diciembre

Dr. Raúl Martinez Mir
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Antes que nada me gustaría matizar el término adicción. Según la OMS se tienen que dar tres factores para hablar de una adicción; una búsqueda compulsiva de la sustancia, síndrome de abstinencia y tolerancia. Dadas esta características hablamos de sustancias, y hasta el día de hoy tan sólo se reconoce a la ludopatía como la única adicción sin sustancia.

Sin embargo, algunas personas tienen comportamientos que caracterizamos de adictivos, por la frecuencia o recurrencia en comportamientos, que podemos entender como normales en unas ocasiones, pero cuando los mismos se vuelven muy frecuentes o incluso parece que nunca tienen fin, o que siempre están descontentos, tendemos a llamar adictivos. Es el caso que nos ocupa el día de hoy, la adicción al bisturí, refiriéndonos a aquellas personas que se están haciendo casi constantemente “retoques” quirúrgicos-plásticos, considerados innecesarios por la mayoría de las personas. Llegando en ocasiones a acabar con auténticas deformidades, e incluso afeando más a las personas que se las realizan.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), editado por la Asociación Americana de Psiquiatría, habla de varios trastornos que tienen que ver con este “no verse bien”.

Comencemos por el caso de la dismorfofobia; las personas con esta patología sienten que tienen una parte de su cuerpo distinta, más grande, más pequeña, deforme, etc., esto les genera mucha ansiedad y tienden a cubrir la misma y esconderla de alguna forma, por ejemplo, si creo tener una oreja más grande que otra, me dejo el pelo más largo para taparla, etc.

Existen otras patologías que cursan con percepciones distorsionadas del cuerpo, como es el caso de la anorexia nerviosa y de la vigorexia. En ambos casos, se ha demostrado que la persona que padece estas patologías tiene una percepción distorsionada de su cuerpo, viéndose demasiado gorda en el caso de la anorexia, o viéndose como muy débil, en el caso de la vigorexia. En estas patologías intentan compensar su percepción restringiendo más su alimentación, o haciendo mucho más ejercicio, respectivamente.

Sin embargo, ninguno de estos cuadros patológicos explican de forma alguna esa supuesta adicción al bisturí. Podemos intentar valorar el efecto de las operaciones que tiene sobre algunas personas, y sobre todo como éstas redundan en su entorno social. Imaginemos, por ejemplo, que una mujer decide operarse su busto, porque considera que éste es demasiado pequeño. Tras realizar esta operación, es la envidia de sus amigas, se convierte en centro de atención de muchos hombres y de los comentarios de casi todo su alrededor. Es lo que conocemos como un refuerzo positivo, esta mujer se siente muy bien, porque esta operación implica, no sólo un cambio físico, sino también una demostración de estatus económico, no se opera cualquiera, además de todos los comentarios reforzantes sociales. Pero, es obvio que esto no va a durar siempre, y que aquellas personas de su entorno que la han reforzado con sus comentarios y su atención llegará un momento que, por simple habituación, dejarán de hacerlo, ya la tienen vista y se acostumbraron a su nueva apariencia. Si estamos hablando de una mujer con una personalidad histriónica, le gusta llamar y ser el centro de atención, como por ejemplo pasa con algunos actores y actrices, esta reducción de atención la hará sentirse mal, o incluso sentir que le falta algo, y tal vez comience a considerar otra operación, que unido a la moda, dictará que tendrá que “retocarse”, para nuevamente ser centro de atención de todo su entorno y envidia de sus amigas, quienes además habrán comenzado una carrera por “operarse como hizo la fulanita” porque ellas “no van a ser menos”, incluso llegando a aquel famoso “si todas lo han hecho, como yo no”.

Hay también ocasiones en que la persona considera que la operación pondrá fin a su situación social, por ejemplo hay quienes piensan que haciéndose una liposucción o lipectomía, se verán más delgados y esbeltos, y así mejorarán sus relaciones sociales, porque se verán mas guapos y todos querrán estar con ellos. Y cuando finalmente se la hacen, descubren que no ocurre nada y, en lugar de pensar en cambiar su comportamiento y mejorarlo, centran su atención en una nueva cirugía, pensando que así mejorarán su relación.

Incluso hay quienes simplemente esperan, mediante la cirugía, obtener ese ansiado cuerpazo que tiene tal o cual, actor o modelo, y simplemente después los resultados no son los mismos, por obvias razones, además del Photoshop.

La realidad es que, en ocasiones una operación estética puede ser recomendable para la persona, sin embargo, en la mayoría de las ocasiones tal vez primero tendría que aceptar quién es y cómo es, y finalmente cuando ya haya pasado este trance, considerar la necesidad de una cirugía. Piense el lector que en muchas clínicas estadounidenses de cirugía, antes de pasar por quirófano muchos pacientes pasan por la consulta del psicólogo. Igualmente, también son muchos los doctores que se niegan a realizar más operaciones a ciertas personas, caso claro de lo ocurrido con el Dr. Jorge Krasovsky quién se negó a realizar más operaciones a, en aquel momento su pareja sentimental, la actriz y presentadora Galilea Montijo.

Finalmente, si después de estas consideraciones usted sigue pensando en pasar por quirófano, la mejor recomendación que puedo hacerle es que lo haga con profesionales especializados, recuerde que al final lo barato sale caro.

 

Dr. Raúl Martínez Mir, Psicólogo. Clínica Tepeyac. Cel. (662) 148-8850

Martes, 09 Diciembre 2014 20:25 Publicado en Prevención

 

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Dr. Raúl Martinez Mir
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Antes que nada me gustaría matizar el término adicción. Según la OMS se tienen que dar tres factores para hablar de una adicción; una búsqueda compulsiva de la sustancia, síndrome de abstinencia y tolerancia. Dadas esta características hablamos de sustancias, y hasta el día de hoy tan sólo se reconoce a la ludopatía como la única adicción sin sustancia.

Sin embargo, algunas personas tienen comportamientos que caracterizamos de adictivos, por la frecuencia o recurrencia en comportamientos, que podemos entender como normales en unas ocasiones, pero cuando los mismos se vuelven muy frecuentes o incluso parece que nunca tienen fin, o que siempre están descontentos, tendemos a llamar adictivos. Es el caso que nos ocupa el día de hoy, la adicción al bisturí, refiriéndonos a aquellas personas que se están haciendo casi constantemente “retoques” quirúrgicos-plásticos, considerados innecesarios por la mayoría de las personas. Llegando en ocasiones a acabar con auténticas deformidades, e incluso afeando más a las personas que se las realizan.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), editado por la Asociación Americana de Psiquiatría, habla de varios trastornos que tienen que ver con este “no verse bien”.

Comencemos por el caso de la dismorfofobia; las personas con esta patología sienten que tienen una parte de su cuerpo distinta, más grande, más pequeña, deforme, etc., esto les genera mucha ansiedad y tienden a cubrir la misma y esconderla de alguna forma, por ejemplo, si creo tener una oreja más grande que otra, me dejo el pelo más largo para taparla, etc.

Existen otras patologías que cursan con percepciones distorsionadas del cuerpo, como es el caso de la anorexia nerviosa y de la vigorexia. En ambos casos, se ha demostrado que la persona que padece estas patologías tiene una percepción distorsionada de su cuerpo, viéndose demasiado gorda en el caso de la anorexia, o viéndose como muy débil, en el caso de la vigorexia. En estas patologías intentan compensar su percepción restringiendo más su alimentación, o haciendo mucho más ejercicio, respectivamente.

Sin embargo, ninguno de estos cuadros patológicos explican de forma alguna esa supuesta adicción al bisturí. Podemos intentar valorar el efecto de las operaciones que tiene sobre algunas personas, y sobre todo como éstas redundan en su entorno social. Imaginemos, por ejemplo, que una mujer decide operarse su busto, porque considera que éste es demasiado pequeño. Tras realizar esta operación, es la envidia de sus amigas, se convierte en centro de atención de muchos hombres y de los comentarios de casi todo su alrededor. Es lo que conocemos como un refuerzo positivo, esta mujer se siente muy bien, porque esta operación implica, no sólo un cambio físico, sino también una demostración de estatus económico, no se opera cualquiera, además de todos los comentarios reforzantes sociales. Pero, es obvio que esto no va a durar siempre, y que aquellas personas de su entorno que la han reforzado con sus comentarios y su atención llegará un momento que, por simple habituación, dejarán de hacerlo, ya la tienen vista y se acostumbraron a su nueva apariencia. Si estamos hablando de una mujer con una personalidad histriónica, le gusta llamar y ser el centro de atención, como por ejemplo pasa con algunos actores y actrices, esta reducción de atención la hará sentirse mal, o incluso sentir que le falta algo, y tal vez comience a considerar otra operación, que unido a la moda, dictará que tendrá que “retocarse”, para nuevamente ser centro de atención de todo su entorno y envidia de sus amigas, quienes además habrán comenzado una carrera por “operarse como hizo la fulanita” porque ellas “no van a ser menos”, incluso llegando a aquel famoso “si todas lo han hecho, como yo no”.

Hay también ocasiones en que la persona considera que la operación pondrá fin a su situación social, por ejemplo hay quienes piensan que haciéndose una liposucción o lipectomía, se verán más delgados y esbeltos, y así mejorarán sus relaciones sociales, porque se verán mas guapos y todos querrán estar con ellos. Y cuando finalmente se la hacen, descubren que no ocurre nada y, en lugar de pensar en cambiar su comportamiento y mejorarlo, centran su atención en una nueva cirugía, pensando que así mejorarán su relación.

Incluso hay quienes simplemente esperan, mediante la cirugía, obtener ese ansiado cuerpazo que tiene tal o cual, actor o modelo, y simplemente después los resultados no son los mismos, por obvias razones, además del Photoshop.

La realidad es que, en ocasiones una operación estética puede ser recomendable para la persona, sin embargo, en la mayoría de las ocasiones tal vez primero tendría que aceptar quién es y cómo es, y finalmente cuando ya haya pasado este trance, considerar la necesidad de una cirugía. Piense el lector que en muchas clínicas estadounidenses de cirugía, antes de pasar por quirófano muchos pacientes pasan por la consulta del psicólogo. Igualmente, también son muchos los doctores que se niegan a realizar más operaciones a ciertas personas, caso claro de lo ocurrido con el Dr. Jorge Krasovsky quién se negó a realizar más operaciones a, en aquel momento su pareja sentimental, la actriz y presentadora Galilea Montijo.

Finalmente, si después de estas consideraciones usted sigue pensando en pasar por quirófano, la mejor recomendación que puedo hacerle es que lo haga con profesionales especializados, recuerde que al final lo barato sale caro.

 

Dr. Raúl Martínez Mir, Psicólogo. Clínica Tepeyac. Cel. (662) 148-8850

Martes, 14 Octubre 2014 20:21 Publicado en Prevención

 

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Dra. Nydia Mercedes Durazo Ballesteros
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Coordinara médica Fundación Beltrones 

Al celebrarse el mes contra la lucha del cáncer de mama, reconocemos que en México más del 80 % se diagnostican en edades avanzadas; y esto lo lleva a ser la primera causa de muerte en las mujeres en edad reproductiva.

El cáncer de mama es aquel que comienza en el tejido mamario; existen dos tipos principales: el carcinoma ductal que comienza en los conductos que llevan leche desde la mama hasta el pezón y el carcinoma lobulillar que comienza en partes de las mamas, llamadas lobulillos, que producen leche. En raras ocasiones, el cáncer de mama puede comenzar en otras áreas de la mama.

Para detectarlo, se utilizan diferentes pruebas como la mamografía, ultrasonido, prueba de receptores de estrógeno y progesterona o imágenes por resonancia magnética. El diagnóstico de cáncer de mama sólo puede adoptar el carácter de definitivo por medio de una biopsia mamaria. Del total de los carcinomas de mama, menos del 1 % ocurren en varones.

Los factores de riesgo:

-Edad y sexo. El riesgo aumenta a medida que usted envejece. La mayoría de los casos de cáncer de mama avanzado se encuentra en mujeres de más de 50 años. 

-Antecedentes familiares. Alrededor del 20 al 30 por ciento de las mujeres con cáncer de mama tienen antecedentes familiares de la enfermedad.

-Genes. Algunas personas tienen mutaciones genéticas que las hacen más propensas a enfermarse de cáncer de mama.
-Ciclo menstrual. Las mujeres que inician tempranamente sus períodos menstruales (antes de los 12 años) o llegan a la menopausia tarde (después de los 55) tienen un riesgo mayor.

-Consumo de alcohol. El consumo de más de 1 ó 2 vasos de alcohol al día puede incrementar el riesgo.

-Parto. Nunca haber tenido hijos o después de los 30 años.

-Hormonoterapia. Hormonoterapia con estrógenos durante 3 años o más.

-Obesidad. La teoría es que las mujeres obesas producen más estrógenos, lo cual puede estimular la aparición de este cáncer.

-Radiación. Si recibió radioterapia cuando era niña o adulto joven para tratar un cáncer del área del tórax, tiene un riesgo muy alto de padecer cáncer de mama.

Los implantes mamarios, el uso de antitranspirantes y el uso de sostenes con varillas no aumentan el riesgo de cáncer de mama.

A pesar de que existen esfuerzos del sector salud para concientizar a la población, aún existe resistencia de las mujeres para acudir con el médico a sus revisiones anuales, realizarse los estudios pertinentes y crear la cultura de la autoexploración.

Mujer ser con responsabilidad es el lema de Fundación Beatriz Beltrones A.C. que desde hace más de 8 años se dedica a la detección temprana del cáncer de mama mediante la realización de mastografías gratuitamente a la población femenina en general en una campaña permanente de detección.

Dra. Nydia Mercedes Durazo Ballesteros
Coordinación Médica Hermosillo Fundación Beatriz Beltrones A. C.
Teléfono: 213-52-48
www.fundacionbbeltrones.org.mx

 
 

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