Martes, 05 Agosto 2014 19:32 Publicado en Nutrición

 

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Dr. Roberto Holguín
Endocrinología y nutrición
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Aprender a comer bien o mal es algo que se obtiene en la niñez hasta antes de los 7 años; igualmente que a elegir opciones más saludables. En manos de ambos padres y no sólo las madres está el mejorar los malos hábitos familiares y la prevención de obesidad, en edad infantil.

1.- Enseñar a comer requiere voluntad, sentido común y permitir colaboración infantil en la cocina, siguiendo el ejemplo de los abuelos ya que ellos no fueron generaciones obesas y poner en práctica algunos de sus trucos saludables.

2.- El ejemplo arrastra. El ejemplo no es la mejor manera para que los niños aprendan a comer bien, es el único. Usted no puedes sentarse a comer chicarrones y carnitas con soda y ponerle arroz, lechuga y zanahorias a su hijo y pretender que eso sea lo que deba comer.

3.- Aprender a comer no es fácil. Introducir poco a poco los alimentos se requiere adquirir una serie de conocimientos y conseguir que todo tipo de recetas se integren en la dieta diaria, es consecuencia de una voluntad firme por vigilar todo lo que los niños deben de integrar en sus preferencias alimentarias.

4.- La vida doméstica es determinante para conservar o perder la salud de las personas. Acciones cotidianas como elegir el menú a comer, descartar unos alimentos para escoger los mejores, sin satanizar los peores; al evitar comerlos usted con demasiada frecuencia, sus hijos también lo harán.

5.- Dedicar cinco horas a la semana; pero no todas en un sólo día para que juntos hagan ejercicios o actividades físicas, determinan las enfermedades o el bienestar de la familia.

6.- Son los más pequeños quienes mejor reflejan el acierto de las decisiones en torno a la comida puesta en la mesa y también quienes ponen en evidencia sus errores o incongruencias de padre o madre.

7.- El reto es que la asignatura de comer bien se debe de aprobar en familia. Recientes encuestas han demostrado que dos de cada cuatro menores de ocho años no han probado las espinacas, los tomates, las zanahorias, las aceitunas ni los espárragos. Sin embargo, casi la totalidad había comido pizzas, hot dogs y hamburguesas.

8.- Los padres deben ser los mejores maestros para enseñar a sus hijos a alimentarse, de manera que comprendan que comer sano es sinónimo de crecer sano. El arte de comer sano y nutritivo después de la adolescencia ya no es obligación de los padres.

9.- El conocimiento sobre lo que es bueno para comer no es innato; tiene que aprenderse. Menos aún cuando hay que contrarrestar los mensajes y las corrientes que en alimentación conducen a decisiones rápidas, fáciles e insanas. Aprender a decidir bien para después enseñar a tomar hábitos correctos implica conocimientos que muestren razones fundamentadas y de peso para lograr familias convencidas de la importancia de comer sano. De lo contrario son familias con riesgo global de salud muy elevado.

10.- La experiencia y los resultados ofrecen los argumentos sólidos para afirmar que las frutas, las verduras y las hortalizas deben teñir de colores los menús diarios; para que realmente sean saludables.

11.- El bienestar del cuerpo, de los dientes y de los huesos es el testimonio definitivo de que los hábitos alimentarios de una familia son correctos, pero para alcanzar ese grado de satisfacción y de acierto hay que trabajar en ello desde temprana edad.

12.- Antes de emprender el camino fuera del hogar, hay que tener muy presente que el ejemplo de los mayores de la familia es la mejor escuela. Los mejores maestros para enseñar a sus hijos a alimentarse son unos padres que comen variado, sin manía a ningún alimento, que introducen la fruta en sus postres diarios o en los tentempiés, saborean ocasionalmente los dulces como algo extraordinario, les gusta el pescado y comen poca carne roja, prefieren comer en platos pequeños.

Dr. Roberto Holguín Almada. Endocrinología y nutrición. Director Médico de la Casa del Diabético y Tiroideo de Sonora. Tel. (662) 212-6648. www.casadeldiabetico.org. Cédula 616406.

Martes, 22 Julio 2014 20:13 Publicado en Nutrición

 

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Dra. María Elena Astorga

Médico especialista en nutrición

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La educación alimenticia a nivel familiar, es básico para cuidar que nuestros niños estén sanos. Se debe enseñar sobre el tamaño de las porciones de los alimentos y la preparación y combinación de los mismos.

Hay que recordar que la obesidad es un trastorno de la alimentación, asociado a problemas emocionales, así como al consumo de golosinas y alimentos con alto contenido en carbohidratos los cuales contribuyen al ingreso adicional de grasas, azucares y sodio.

Si un niño llega con obesidad a la pubertad, el riesgo aumenta ya que es en esta etapa de desarrollo en la cual se multiplican las células adiposas o grasas con las cuales el adulto luchará toda su vida; agregando las ya conocidas consecuencias de acné, acantosis (manchas rojas o negruzcas en cuello y axilas] o enfermedades metabólicas como presión alta y diabetes.

Modificando hábitos

El tratamiento para un niño con obesidad es un tratamiento de tipo familiar. Es correcto y necesario que busquemos realizar en familia un ejercicio tan básico como caminar, además de preparar alimentos a base de vegetales verdes, aguas de frutas y hasta botanas hechas en casa.

Hablar de obesidad infantil es preocupante, ya que en esta etapa de la vida se establece una relación entre obesidad y enfermedades crónicas degenerativas, las cuales son causa de discapacidad y mortalidad. La probabilidad de que un niño obeso llegue a ser un adulto obeso aumenta mientras más temprano aparezca la obesidad.

La obesidad siempre es dañina y por la tanto debe de tratarse. Es recomendable modificar las conductas alimentarias, no siempre debe reducirse el peso en un niño obeso, en ocasiones sólo se debe de parar el ritmo de ganancia y únicamente se va disminuyendo el porcentaje de grasa.

Dra. María Elena Astorga Dávila

Blvd. Colosio 587 Col. Santa Fe Clínica GM

Teléfono: 260-96-33 Celular: (662)276-01-91

Cédula Profesional 0957859

Martes, 08 Julio 2014 20:15 Publicado en Nutrición

 

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Comer es uno de nuestros placeres, sin embargo el hecho de que una comida nos resulte atractiva depende de cuánta hambre tengamos, experiencias previas con ese alimento y de las circunstancias sociales en las que lo consumimos. Pero ¿qué hay detrás de esto?

Por ejemplo los hombres relacionan la comida (antojos) con juntas, reunión y festejo. Por el otro lado, las mujeres la relacionamos con aburrimiento, tristeza, preocupación, fatiga y enojo. Desafortunadamente, este tipo de placer no sólo nos aporta nutrientes esenciales para el organismo, también nos puede desencadenar enfermedades como hiperuricemias (gota), migrañas, colitis o también, es posible sufrir reacciones cerebrales que se desencadenan por consumir determinados alimentos.

Científicos afirman que al consumir mucha carne las personas se tornan crueles y feroces; comer helados, batidos, galletas nos aumenta los niveles de serotonina h
Por lo tanto nuestros cambios de humor tienen que ver con la serotonina, una hormona que también se involucra con el sueño. Es decir la cantidad de esta hormona en el cerebro va a determinar si estamos contento, tristes, cansado, activos, si tenemos sueno, si tenemos ganas de comer dulces, chocolates, pasteles. Cuando esto sucede es porque el cerebro está buscando subir los niveles de esta hormona.

Otro alimento que se nos antoja es cuando estamos nerviosos, ansiosos. Es la leche. El problema es que la queremos con cereales, azucares y frutas y fuera de lograr el objetivo. Lo alteramos más al consumir carbohidratos.

A continuación algunos Tips de acuerdo a las necesidades.
En situaciones de estrés podemos consumir semillas de sésamo.

En situaciones de ansiedad podemos consumir palomitas de maíz antes de acostarnos

En situaciones de apatía podemos consumir pescado, sushi.

En situaciones de inseguridad comer chocolate en pequeñas cantidades.

En situaciones de confusión, mala memoria comer frutos rojos.

En situaciones de agotamiento beber mucha agua.

En conclusión necesitamos de una alimentación balanceada para que nuestros niveles de serotonina nos proporcionen bienestar.

 

Dra. María Elena Astorga Dávila
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Especialista en nutrición

 
 

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