Martes, 13 Enero 2015 20:03 Publicado en Nutrición

 

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Olga González
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HAMBRE EMOCIONAL

1. Es repentina. “Hace un minuto ni pensaba en comer y ahora me estoy muriendo de hambre. Mi hambre va de 0 a 100 en un breve período de tiempo”.
2. Es de una comida específica. Los antojos, son de un cierto tipo de comida. Como chocolates, pastas, o una hamburguesa. Con el hambre emocional, uno siente que necesita comer esa comida en particular. No la podríamos reemplazar con ninguna otra.
3. La sentimos “arriba del cuello”. Un antojo que se basa en una emoción empieza en la boca y en la mente. Nuestra boca quiere degustar esa pizza, ese chocolate, o esa fritura. Nuestros pensamientos giran constantemente alrededor de esa comida que deseamos.
4. Es urgente. El hambre emocional nos incita a comer “ya mismo”. Hay un deseo de aliviar el dolor emocional instantáneamente con comida.
5. Aparece conjuntamente con una emoción que nos perturba. El jefe nos grita, nuestro hijo tiene problemas en la escuela, nuestra pareja esta de mal humor: el hambre emocional ocurre en conjunción con una situación perturbadora.
6. Implica comer automáticamente o distraídamente. Al comer emocionalmente podemos sentir como una mano, que no es la nuestra, nos pusiera cucarachas de helado o de torta en la boca (“comemos automáticamente”). O podemos no darnos cuenta de que acabamos de comernos un paquete entero de galletitas dulces (“Comemos distraídamente”).
7. No cesa aunque el estómago esté lleno. El exceso de comida emocional proviene de un deseo de disimular o encubrir sentimientos de dolor. Uno se llena de comida para amortiguar las emociones que lo perturban y puede volver a servirse una y otra vez, aunque el estómago le duela de tan lleno.
8. Fomenta la culpa por comer. La paradoja del exceso de comida emocional es que uno come para sentirse mejor y termina llenándose de reproches por comer galletitas dulces, tortas o frituras. Se promete a sí mismo una compensación “voy a hacer ejercicio, voy a hacer dieta, voy a saltarme comidas”, ¡pero mañana!

HAMBRE FÍSICA

1. Aparece gradualmente. El estómago empieza a hacer algunos ruidos. Una hora más tarde, gruñe. El hambre física nos da indicios constantes y progresivos de que es hora de comer.
2. Está basada en el comer como necesidad. Cuando la intención detrás de comer se basa en el hambre física, no sentimos ni culpa ni vergüenza. Nos damos cuenta de qué comer, igual que respirar oxígeno, es un ingrediente indispensable de la vida.
3. Cesa cuando estás satisfecha. El hambre física proviene del deseo de nutrir y abastecer de energía al cuerpo. Tan pronto como esa intención ha sido satisfecha, dejamos de comer.
4. Implica elecciones deliberadas y conciencia de la comida. Con el hambre física, uno tiene conciencia de la comida que está en tu tenedor, en tu boca y en tu estómago. Uno elige conscientemente comerse todo el sándwich, o sólo la mitad.
5. Ocurre por una necesidad física. El hambre física ocurre porque han pasado cuatro o cinco horas desde la última vez que comimos. Si tenemos mucha hambre, podemos sentir poca energía, o nos sentimos mareados y aturdidos.
6. Es paciente. El hambre física preferiría que comiéramos pronto, pero no nos ordena que comamos en ese mismo instante.
7. La sentimos en el estómago. El hambre física se reconoce por las sensaciones en el estómago. Sentimos ruidos, una sensación de vacío, algo que nos roe, retortijones de hambre y hasta dolor.
8. Puede considerar diferentes comidas. Con el hambre física, podemos tener preferencias, pero estas son flexibles. Estamos abiertos a opciones alternativas.

Martes, 30 Diciembre 2014 19:00 Publicado en Nutrición

 

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Chef Rodolfo Iván Ceceña
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Mucho tiempo se pensó que consumir productos “fat-free” era la mejor manera de mantener una dieta saludable y así perder peso. Es muy fácil relacionar el sobrepeso con “grasa” así como pensar que una alimentación sana tiene que ser algo insatisfactorio y fuera del presupuesto, pero ambos son ideas no del todo correctas. Hay muchos otros factores a considerar cuando se trata de nuestra alimentación, y esto abarca, desde tablas nutricionales, ingredientes, origen y conexión con el producto que estamos consumiendo.

Hace años, a alguien se le ocurrió decir que la grasa era el origen magno de las desgracias que acontecían en nuestro cuerpo. La solución que muchos nutriólogos nos dieron fue el consumo de carbohidratos y junto a eso, todo en el mercado se convirtió en “fat free”. Los productos fueron alterados con la intención de conservar su “calidad” y sabor, factores que son alterados por la grasa, así como en algunos casos incluso su tiempo de vida, por lo que se surgieron las dietas altas de carbohidratos y bajas en grasa. Muchos de esos alimentos se tornaron en envases de cantidades masivas de azucares. Para poder conservar el sabor se comenzaron a utilizar agentes adictivos en cantidades excesivas, entre ellos la azúcar y el glutamato monosódico. Se confirmó que ambos componentes en especial las azucares procesadas, son convertidas en grasa por nuestro sistema digestivo. Además generan diferentes disfunciones en el organismo y así como condiciones perfectas para problemas como el cáncer.
Lee e infórmate

Muchos productos ahora en el mercado nos venden una fantasía. Por eso es muy importante leer las etiquetas y entender qué es lo que estamos comprando. Mientras vemos en la parte frontal del envase la fotografía de una mujer delgada con un campo verde y fresco a su espalda, en la parte trasera del envase vemos como en una taza se incluyen 30 gr de azúcar y como esa compañía necesitó de casi 30 ingredientes para poder hacer ese yogurt. Curiosamente, se ven nombres de agentes químicos utilizados en la elaboración de pinturas para la casa, más no lo que en verdad lo hace un yogurt en sí. Lo que nos dicen ser un yogurt, es más un agente plástico a una bebida pro biótica.

Existe una gran desconexión hoy en día entre la persona y el origen del alimento que se consume. Es preocupante que cada vez sabemos menos de donde provienen nuestros alimentos, y peor aún, hay quienes toman ventaja de ello. Es muy difícil ir a un supermercado en nuestra localidad y encontrar productos locales, algo irónico habiendo tanta riqueza en nuestra región. La falta de exigencia de estos artículos hace que estos productos sean algo difíciles de distribuir. El problema de la oferta está en nuestra demanda. Muy pocos sabemos en verdad qué es lo que estamos consumiendo y los efectos de estos pseudo-alimentos en nuestro organismo.

Es curioso como casi por naturaleza, vemos el alimento como una fuente de energía. Tristemente, el alimento consumido en estos días está muy lejos de serlo. Debido a la gran cantidad de tóxicos que encontramos en ellos, nuestro cuerpo utiliza sus energías en encontrar cómo manejar estos compuestos artificiales disfrazados de alimentos. Cada vez vemos menos “comida” en nuestros mercados y vemos más productos que pretenden serlo. Por eso es clave ante cualquier nuevo régimen alimenticio, realizar una desintoxicación. Es muy frecuente observar casos de gente frustrada por la baja efectividad de sus dietas usualmente dirigidas a la pérdida de peso o durante la batalla ante alguna condición crónica ya avanzada. Tenemos que recordar que tenemos años de consumir alimentos que han dejado sus toxinas. Nuestros órganos están contaminados, por lo tanto su función será más débil y poco efectiva.

“La comida sana y la comida que da placer no se excluyen mutuamente” afirma el reconocido doctor Andrew Weil, autor del maravilloso libro “¿Sabemos comer?”. En sus principios básicos para una buena dieta y salud, también afirma que cambiar la forma de comer es una estrategia para controlar la enfermedad y recuperar la salud. Es hora de dar ese paso y exigirnos una mejor alimentación. Es hora de demandar mejores productos en nuestros mercados e informarnos de lo que hay allá afuera. Entender que la utilización de productos locales, no es una moda, es un sistema económico sustentable con gran impacto social, además, si se ejecuta de una manera correcta puede generar varios beneficios como productos más reales, frescos y con mayor valor nutricional. Es hora de dar ese paso para al fin caminar distinto porque merecemos una mejor calidad de vida. Como dijo aquel proverbio árabe: “una cuarta parte de lo que comes te mantendrá vivo, las otras tres mantendrán vivo a tu doctor”.

Cómo desintoxicar tu cuerpo

Los vegetales de color verde son excelentes para desintoxicar el cuerpo debido a su alto nivel de clorofila. La clorofila, además de ser responsable del color verde que encontramos en la mayoría de los integrantes del reino vegetal, es anticancerígena y ayuda a reducir el colesterol. También es pieza fundamental en la desintoxicación de los órganos del sistema digestivo. Por lo tanto es muy recomendable como parte fundamental en diferentes dietas, ya que colaborará al bienestar de los órganos para poder regenerarse y aprovechar mejor los nutrientes del nuevo régimen.

 

Rodolfo Iván Ceceña, originario de Sonora, es promotor de la auto sustentabilidad y Chef de un restaurante llamado Corazón del Mar, donde se cocina latina progresiva utilizando productos locales situado en la isla de Nantucket, MA.

Martes, 02 Diciembre 2014 20:15 Publicado en Nutrición

 

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Lic. Oziel Farías
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Nosotros como consumidores, tenemos el poder en nuestras manos y en nuestro dinero para apoyar aquellos productos que decidimos, al comprarlos, formen parte de nuestra vida. Hablando en torno en lo que a la alimentación respecta, justamente somos los consumidores quienes ponemos de moda ciertas tendencias y forjamos el curso de lo que la industria alimenticia nos ofrece.

Hemos pasado por lo light, sugar free, fat free y sin gluten hasta llegar a lo que hoy está en boga, aquello que proclama ser natural. La cosa es que las normas de etiquetado son un juego muy engañoso, en donde mientras se respeten ciertas regulaciones, los productos pueden afirmar que son algo que no son, o que están libres de algo que abunda en el mismo producto, creando confusión en los consumidores.

Éste es uno de los principales motivos por los cuales tenemos que dejar de consumir tantos alimentos procesados, prefabricados, sintéticos y con saborizantes artificiales, ya que han dejado de ser alimentos vivos, para pasar a ser algo lleno de saborizantes, lo que sea que eso signifique.

Consume lo más natural posible

Lo que nos queda es basar nuestra dieta, como debe de ser, en alimentos frescos, lo menos procesados posibles, sin empaques coloridos y bonitos, o sea, frutas, verduras, leguminosas, semillas, y sí, hasta lácteos, harinas integrales y proteínas animales, según lo que a cada quien le caiga bien y necesite, pues todos necesitamos cosas diferentes. La cuestión es que también la industria de este tipo de alimentos frescos está muy viciada, pues se ha convertido en excesivo el uso de pesticidas, insecticidas, herbicidas, antibióticos, hormonas, y tantas sustancias para mejorar rendimientos y vender más.

Gracias a la globalización e importación podemos encontrar kiwis de Nueva Zelanda en Hermosillo, y esto no es precisamente algo positivo, pues detrás de esa ruta hay toneladas de contaminación. ¿Quién podrá salvarnos? Nada más y nada menos que nosotros mismos, con las elecciones de nuestras compras, que es ahí donde entramos al punto principal, consumir local, ¿por qué?:

Porque lo local nos va a ofrecer lo estacional, y vaya que la tierra es sabia y sabe porque nos da calabazas y guayabas en otoño e invierno, y unas preciosas tunas en verano, pues todo está coordinado a los ciclos estacionales y según el clima y nuestras necesidades es lo que recibiremos de la madre naturaleza, si vemos cosas que no son de temporada en los anaqueles es simple y sencillamente por ser productos transgénicos, es decir, comida de laboratorio.

Apoyemos a una economía honesta, sustentable y local, en vez de estar apoyando a productores transnacionales, que equivale a poner tu dinero en un sobre y mandarlo por paquetería al otro lado del mundo. Mejor compra en los mercados locales, o en los establecimientos que promueven el comercio local; incluso es mejor comprarle al productor que se estaciona con su camioneta a vender productos que acaba de recolectar de las cercanías, o los famosos vendedores de cruceros que traen lo mejor de cada temporada, aún cuando se tienen que asolear.

Por lo general se trata de producciones más limpias, con menos exposición a químicos, pesticidas y demás, que quizá sí los utilicen pero no son las sustancias genéricas y agresivas que utilizan las grandes industrias. Es importante destacar que si es posible encontrar producción libre de sustancias, pues ya hay opciones de productores que están cultivando productos orgánicos aquí en la región.

Alimentos con más sabor

Se trata de alimentos con más sabor, y más nutrientes, pues al estar libres de una estandarización industrial, es producto que sale como debe de salir, con tierra, sin ceras sin parecer como si fueran de plástico; no son perfectos a la vista, pero son muy sabrosos y nutritivos.

En cuanto a productos de origen animal se refiere, por lo general, lo local tiene un manejo más humano con ellos, a la “antigüita”, ya que no están todos amontonados en lugares en donde no se pueden mover y no se les maltrata, esto influye mucho en el mismo sabor del producto, y claro, está libre de hormonas y antibióticos, los quesos están libres de gomas y emulsificantes, y que mejor que los alimentos provengan de animales felices.

Donde pones tu dinero, pones tu voto, recuerda siempre esto, lo mejor que te puedo recomendar es la siguiente cadenita: primero consume local, después regional, luego nacional y al final internacional, para apoyar a nuestra comunidad y a nuestro derecho como consumidores a alimentarnos de comida realmente saludable y no plastificada o llena de químicos.

Oziel Farías, Health Coach

 
 

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