Miércoles, 02 Agosto 2017 20:35 Publicado en Nutrición

 

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“Todos los carbohidratos te engordan”, “si quieres adelgazar, no los comas” y “si tienes diabetes, no debes comerlos” son frases que en los últimos años escuchamos sin parar. En realidad, ¿sabemos qué son los carbohidratos y qué hacen en nuestro cuerpo?

Estos nutrientes deben ser unos de los principales componentes de nuestra alimentación, ya que son un pilar de una dieta equilibrada. Algunos alimentos ricos en este nutriente son: cereales (pan, tortilla, arroz, papa, pasta, avena), leguminosas (frijol, garbanzo, lentejas), frutas y verduras. Su función principal es aportar energía a nuestro cuerpo. Una vez que el cuerpo los digiere, el hígado los descompone y los convierte en glucosa (azúcar en sangre), que es de donde obtienen energía nuestras células.

Tipos y función
Existen dos grupos de carbohidratos: simples y complejos. Los simples son aquellos que se absorben de forma rápida, de los cuales se obtiene energía de manera casi inmediata. Naturalmente se encuentran en frutas y verduras, así como en el azúcar de mesa, jugos, refrescos y postres, entre otros. Los carbohidratos complejos son aquellos de absorción lenta, que necesitan mayor tiempo para su digestión, por lo que actúan como energía de reserva.

Cuando se habla de carbohidratos, existen dos términos que se deben conocer: índice glucémico y carga glucémica, que, aunque suenan parecidos, expresan conceptos diferentes. El índice glucémico indica la velocidad con la que un alimento que contiene carbohidratos eleva el nivel de glucosa en sangre después de comerlo. Un alimento con índice glucémico bajo eleva la glucosa menos que uno con un índice alto.

La carga glucémica es un concepto que, más que la velocidad a la que un alimento se convierte en azúcar en la sangre, considera la cantidad de carbohidratos que tiene una porción de un alimento en específico. Entre los alimentos con carga glucémica baja se incluyen las lentejas, frijoles, cacahuates, cereales de grano entero, vegetales y frutas con alto contenido de fibra. Aquellos con una alta carga glucémica incluyen bebidas azucaradas, arroz blanco, papas fritas y cereales bajos en fibra y con alto contenido de azúcar.

Elige correctamente
Si bien existen planes de alimentación para ciertas enfermedades o para perder peso, en los cuales se recomienda un bajo consumo de carbohidratos, estos no deben ser eliminados en su totalidad de la dieta. Algunos de nuestros órganos dependen primordialmente de este nutriente para un correcto funcionamiento, como lo es el cerebro.

Cuando se eliminan los carbohidratos de la dieta y el cuerpo no los encuentra, este busca combustible proveniente de otros nutrientes. El organismo utiliza grasas para obtener energía y se pueden producir cetonas, desencadenando un estado de cetoacidosis. Incluso, el cuerpo puede utilizar las proteínas de nuestros músculos como fuente de energía.

Algunas recomendaciones para obtener lo mejor de los carbohidratos son: • Evitar bebidas azucaradas, refrescos, jugos de fruta con azúcar.
• Preferir el consumo de frutas enteras en lugar de su jugo.
• Consumir pan con granos enteros, pasta y arroz integral.
• Preferir el consumo de hojuelas de avena enteras.

MNC. Lilian Elizabeth Figueroa Baldenegro
Especialista en nutrición y cuidados de la alimentación del paciente oncológico. Maestra en Nutrición Clínica por la Universidad del Valle de México. Ced. Prof. 8945015 UVM. Ced. Prof. 36557 UVM-Instituto Nacional de Cancerología

Martes, 30 Mayo 2017 21:04 Publicado en Nutrición

 

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¿Sabes cuál es el órgano más grande del cuerpo humano? Es la piel. En las personas adultas, la piel ocupa aproximadamente dos metros cuadrados, pesa cinco kilogramos y contiene más de 17.7 metros de vasos sanguíneos. La piel está formada por tres capas y tiene otros cuatro anexos (entre ellos las glándulas sudoríparas y las uñas). Por otra parte, cada etapa de la vida (niñez, adolescencia y adultez) requiere cuidados diferentes. Pero en todas las etapas hay algo en común, ¿te lo puedes imaginar? Sí, la alimentación.

De la boca a la piel
Lo que nos llevamos a la boca representa un gran desafío para nuestra salud, bienestar, imagen, genes y hasta para nuestro intestino. Sí, nuestro intestino, ese que parece estar solo para digerir lo que comemos. ¡El trabajo que hacen los intestinos es crucial para nuestra salud! Lo que comemos le da forma a nuestro ser físico, pero también al emocional y al mental.

Incluye más de estos alimentos en tu dieta:
• Verduras crudas, cocidas o asadas
Ejemplos: acelga, ajo, alcachofa, apio, berenjena, berro, berza, brócoli, calabaza, cebolla, champiñones, col (repollo), coliflor, ejotes, espárrago, espinacas, jícama, lechuga, pepino, pimiento, poro, rábano y tomate verde.

• Frutas bajas en azúcar
Ejemplos: limón amarillo y verde, kiwi, toronja y pepinillos fermentados de forma natural. También puedes consumir con moderación, por su alto contenido de azúcar, las siguientes frutas: ciruela, durazno, mandarina y pera.

• Proteínas
Ejemplos: huevo entero, pescado (si es pescado silvestre, mejor), mariscos, moluscos, aves y carnes rojas, como res, búfalo, cerdo, cordero, ternera (mejor si son de libre pastoreo).

• Nueces y semillas naturales (excepto cacahuates)
Ejemplos: almendras, nueces, ajonjolí, pepitas de calabaza y girasol, linaza y chía.

• Aceites y grasas saludables
Aceites de aguacate, coco y oliva extra virgen (para aderezar platillos y ensaladas, no para cocinar); mantequilla clarificada o ghee, mantequilla de almendras, nuez de la india y ajonjolí (tahini). Otras grasas de origen frutal que debemos incluir son los aguacates y los cocos.

• Hierbas frescas o deshidratadas
Albahaca, cilantro, perejil y romero, entre otras; especies, sazonadores y condimentos naturales.

• Lácteos
Todos los lácteos son buenos, excepto los quesos azules o aquellos muy procesados, como las rebanadas de queso americano.

Come los siguientes alimentos con moderación:
• Cereales sin gluten: amaranto, arroz (integral, blanco o salvaje), avena, mijo, quínoa, trigo sarraceno y harinas en pequeñas cantidades para espolvorear o espesar salsas.

• Leguminosas, como frijoles, lentejas y chicharos secos.
• Lácteos con alto contenido de grasa crema, leche, kéfir, queso cottage y yogurt.
• Frutas dulces, como moras, manzana, plátano, cereza, granada y uva; puedes consumir con moderación chabacano, mango, melón, papaya y piña.
• Endulzantes stevia natural.
• Vino tinto, pero no más de una copa al día.

Mónica Benítez Alonso. GUT alimentos artesanales. HC por IIN. Estudios de nutrición por la Universidad Iberoamericana. LAE por ITESM CSN.

Lunes, 29 Mayo 2017 20:03 Publicado en Nutrición

 

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“Tienes que comer”, “pruébalo nomás”, “te va a gustar”, “come y podrás ir a jugar”, ¿quién no se ha sometido a estos diálogos para convencer a sus hijos que coman? Se estima que entre el 20 y 60% de los menores de seis años comen mal, un dato que indica que la alimentación de los hijos se convierte en una preocupación para los padres.

Una alimentación adecuada en la primera etapa de la vida es crucial para el desarrollo físico y mental del menor, y los problemas derivados de una mala calidad de alimentación afectan no solo al desarrollo físico o nutricional, sino al sistema inmunitario y al desarrollo intelectual y emocional.

La cantidad de alimento que deben comer los menores es muy variada en relación a su edad, tamaño y costumbres; sin embargo, llegan a comer mucho más que los adultos para cubrir sus requerimientos calóricos para un óptimo crecimiento; por tal motivo, tarde o temprano empiezan a comer menos conforme disminuye su velocidad de crecimiento.

Alimentación requerida
Desde el nacimiento, un bebé cuenta con la capacidad de autorregular su alimentación de acuerdo al apetito que tenga, con la habilidad de reconocer si tiene hambre o si se siente satisfecho. Es importante que como padres conozcamos y respetemos el apetito del menor, lo que nos guiará en su alimentación y detectaremos si se encuentran satisfechos en forma espontánea y no caprichosa.

Consejos de motivación
Para evitar estos malos hábitos alimenticios, se sugiere establecer un código de conducta a la hora de la comida, y evitar que esta se convierta en un enfrentamiento entre padres e hijos, tales como: • Comer con la familia en el comedor.
• Establece los tiempos de la comida.
• Crea un ambiente agradable.
• Motívalo a poner la mesa o servirse.
• Evita que coma a deshoras con complacencias y exquisiteces.
• Sirve los alimentos de una manera agradable y apetitosa.
• Ofrécele una cantidad adecuada.
• Permítele que se alimente por sí solo, sin que nadie lo fuerce.
• No hagas un menú diferente o especial al que hay en casa.
• Evita distractores en la cocina como juguetes o televisión.
• Recuérdale que come por necesidad y no por obligación.
• Enseña con el ejemplo.

Los padres deben mantenerse firmes y pacientes, pues pueden hacer mucho por educar correctamente a sus hijos en sus hábitos alimenticios. Es importante reconocer que existen variaciones del apetito que pueden ser fisiológicas y que tendremos que respetar y poder darnos cuenta cuando son productos de caprichos o deseos irrazonables a reprimir.

Para evitar el temor o angustia al no acertar en la alimentación del menor, hay que aprender a diferenciar un mal hábito alimenticio o la presencia de otras enfermedades que impidan que el menor coma con normalidad, por lo que se recomienda llevar un seguimiento periódico por un especialista para supervisar su alimentación según las necesidades de la etapa de vida del menor.

 

Dra. Diana Carolina Muro Zepeda
Médico pediatra

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