Lunes, 04 Septiembre 2017 17:38

La inevitable partida

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familia4septiembre

—¿Así que te vas?
—¡Sí, abuelo! —dijo el joven—. Ya tengo ganas de que llegue el día en que tenga que irme.
—¡Qué bueno, mi hijito! Te va servir mucho; a mí me pasó lo mismo.
El abuelo hizo una pausa y el nieto le preguntó:
—¿A qué edad partiste?
—Yo partí a los 13 años —contestó el abuelo—. La razón de mi partida fue que en mi pueblo no había secundaria y tuve que salir a estudiar a otro lugar.
—¿Te fuiste solo?
—Viajé solo. Lo bueno fue que en la ciudad estaban esperándome unos tíos y uno de mis hermanos mayores —respondió sonriendo.
—¿Te dio miedo partir?
—Mucho… —Guardó silencio—. Pero al mismo tiempo nada.
El nieto, un tanto perplejo, preguntó:
—Abuelo, ¿cómo que “nada”?, ¿estás jugando?
—De ninguna manera. Viajaba en el autobús como flotando en la noche. El panorama allá afuera era oscuro, lo único iluminado era la carretera. Me acomodaba en el asiento sin entender lo que me estaba pasando: estaba nervioso, pero no desfallecía. Lo que te aseguro que sí sabía en esos momentos era que viajaba para estudiar; fuera de eso, nada. A mí me llevaba la vida…
—Abuelo, ¿cómo que te llevaba la vida? ¿Qué no sabías a dónde ibas?
—Sí, sabía adónde iba: conocía el nombre, pero no la ciudad. Si te digo que la vida me llevaba, es porque yo no estaba diciendo “me quiero ir a estudiar a México”.
—¿Te gustó haber salido de tu casa para ir a estudiar a otra ciudad?—preguntó el nieto.
—Sí —exclamó el anciano—. Sin embargo, al principio sufres porque extrañas lo que conoces, tener lo que quieres sin tener que ganártelo o buscar la manera de obtenerlo: es ahí que comienzas a entender tu vida como persona, a pesar de que al principio no lo entiendes, te enojas, lloras, todo es nuevo y confuso, pero poco a poco vas conociendo lo extraño. Yo pienso que ese tiempo me ayudó a saber valorar todo, porque recuerda que todo lo que te pasa tiene que ver contigo, nada de lo que te pasa es al azar: siempre hay una explicación. Verás que todo lo que has aprendido en tu casa, en tu familia, en la escuela, en la ciudad, con tus amigos, es útil. En efecto: esas son las bases que, sin saber que las tenías, te ayudarán a abrir nuevas etapas en tu vida de muchas más maneras que ahora ni te imaginas.
El nieto sorprendido y sin saber qué decir, por lo que el abuelo prosiguió:
—Contigo, mi hijito, es diferente: tú estás diciendo que te quieres ir, que sabes a dónde vas y qué vas hacer: todo es un recorrido preparado; pero eso no lo vuelve más fácil. Cuando llegues a tu destino, entenderás que llegar no cuesta tanto, sino mantenerse donde uno quiere estar.
—Estás muy filósofo, abuelo —comentó el nieto rascándose la cabeza.
—Mi hijito, la vida es una escuela fabulosa de aprendizaje en la medida en que reflexiones sobre lo que has sido. Después de este viaje ya no serás el mismo: es un viaje sin retorno.
—Pero regresaré, abuelo —dijo el joven.
—Lo sé, mi hijito. La diferencia es que el que regresará no será el mismo que se fue. Desde que des ese primer paso afuera de tu casa empezarás a construir tu propia historia. No te rindas; sigue avanzando cada vez más fuerte en la búsqueda de tus sueños.

Dr. Jose Felipe Carrillo Martinez

Psicoterapeuta

Céd. Prof. 0234746. Céd. Esp. 3413526

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