Jueves, 03 Agosto 2017 16:44

Educando por un futuro mejor

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Es triste ver que en nuestro país la gente carece cada vez más de los recursos para tener casa, comida y vestimenta digna; además, estar cerca de la frontera con Estados Unidos agrava nuestra situación, ya que es muy común que nuestro estado reciba a cientos de personas que día a día son deportadas. Las colonias marginadas crecen sin planeación y sin recursos, y el desempleo es cada vez mayor.

Sin embargo, nuestra comunidad es generosa y solidaria. Existen empresas que apoyan a sus empleados proporcionándoles por lo menos una comida al día; además, hay algunas que proporcionan capacitaciones a las esposas de los empleados para que aprendan un oficio que puedan hacer desde su hogar y les reditúe algo de dinero. Las organizaciones de asistencia privada también tienen albergues donde las personas reciben comida y pueden dormir. El gobierno pone su granito de arena para tener centros que capaciten a hombres y mujeres a tener un trabajo digno. Todos estos esfuerzos son insuficientes ante la magnitud del problema.

Empieza en el hogar
Como padres, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos a ser solidarios y compartidos con nuestros semejantes; esta no es una tarea fácil, ya que lo que menos queremos es ponerlos en situaciones de riesgo. Entonces, ¿qué podemos hacer para enseñarles a nuestros hijos a ser solidarios? La respuesta la encontramos en la labor social, en el voluntariado y en la ayuda organizada.

En el hogar podemos educar a nuestros hijos para contribuir con la sociedad. Iniciemos enseñándoles a donar aquello que no necesitan, como ropa, zapatos, mochilas o juguetes que ya no usan. También pueden llenar canastas con fruta y alimentos y llevarlas a personas de bajos recursos o repartir alimentos afuera de sitios concurridos, como hospitales. Podemos dedicar un día al mes para realizar una buena acción y así ayudar a quien más lo necesita. Esta enseñanza si es en familia es invaluable.

Una labor que tiene frutos
•Estas pequeñas obras ayudan a afianzar los vínculos familiares.
•Los niños y adolescentes aprenden a asumir y a cumplir un compromiso que más tarde los hará sentirse orgullosos de su labor.
•Fortalecen a su comunidad. Cuando una comunidad funciona bien, sus miembros también se benefician.

Si nos damos a la tarea de enseñarles esto a nuestros hijos, entenderán que una sola persona puede lograr grandes cosas con sus buenas acciones, que ellos como niños pueden influir en su comunidad.

¡No desistas, pregona con el ejemplo! Es esta tu mejor herramienta para transmitir hábitos, costumbres, valores y tradiciones que a tus hijos les darán pertenencia, orgullo, tolerancia, habilidades en la toma de decisiones, aprenderán a ser líderes y establecerse metas, pero, sobre todo, aprenderán a dar amor y recibirlo.

Coach Nidia Santellanes Madrigal
Conferencista, terapeuta y coach de vida
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