Sábado, 04 Mayo 2013 01:22 Publicado en Valores
 
T puedes cambiar el mundo

Gabriela Espinoza Bustamante
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Constantemente escuchamos frases como: “todo está en tus manos”, “tú puedes cambiar al mundo”, “sólo hazlo”. Pero, ¿realmente creemos que podemos?, ¿creemos que todo está en nuestras manos?

Tal vez lo creemos en el momento que lo escuchamos, pero para lograr un cambio es necesario más que sólo creer; es necesario poner manos a la obra y comenzar a actuar. Mucha gente piensa que para lograr un cambio tienes que lograr cosas extraordinarias, no lo niego, pero sé que podemos hacer grandes cosas con acciones ordinarias, empezando por nosotros mismos, siguiendo con nuestros familiares, amigos, vecinos; dejando una marca positiva en cada persona con quien nos topamos, para que puedan transmitir todo aquello que le dejemos a nuestro paso. Estamos acostumbrados a escuchar que este mundo está perdido, que las generaciones vienen cada vez peor, que vivimos en un mundo con carencia de virtudes. Pero pienso que antes de llegar a esta generación, hubo muchas otras generaciones buenas, y si hubo alguien que pudo causar un cambio negativo tan radical en la sociedad, hoy en día debe haber gente que pueda lograr lo contrario.

La pregunta está en, ¿quién es esa persona? la respuesta es sencilla, tú, yo, nosotros. Es un trabajo que empieza con unos pocos y termina con millones. Pero para poder llegar a todo el mundo, debemos cambiar primero nosotros.

El poder de los jóvenes

Pienso que cada persona viene con una misión a esta vida, sin embargo, sé que no todos la descubren y de los pocos que lo hacen, sólo algunos buscan llegar a ella. Venimos a este mundo con fines concretos, pero los medios no nos vienen dados. La juventud es la etapa perfecta para descubrir nuestras metas y planear cómo queremos lograrlas, tenemos una vida por delante, un mundo por explorar y mejorar. No debemos quedarnos con la mentalidad de que todo está perdido y que nada podemos hacer.

Grandes inventos, descubrimientos, hechos que revolucionaron al mundo, fueron realizados por personas comunes; como tú, como yo. Personas como Juan Pablo II, Gandhi, la madre Teresa de Calcuta, Sócrates, San Josemaría y mucha gente más, fueron como nosotros. Tenían las mismas veinticuatro horas en el día, los siete días de la semana, los 12 meses del año, que todos tenemos.

¿Por qué ellos sí pudieron y nosotros creemos que no? No debemos conformarnos con lo que tenemos, con el mundo en el que vivimos, pensando que nada podemos hacer, porque si dices que puedes, ¡puedes! Pero si dices que no puedes, también estás en lo correcto. Tenemos todo para lograrlo, hace falta la pasión por querer hacerlo.

No debemos dejar de intentar por miedo a que el mundo nos ignore, nos critique, o simplemente no nos entienda, porque nuestro mayor logro no está en nunca fracasar, sino en las veces que lo volvemos a intentar.

Por lo que quiero volver al principio y decirte que…“todo está en tus manos”, “tú puedes cambiar al mundo”, “sólo hazlo”.


Alumna de preparatoria Liceo Thezi

Sábado, 04 Mayo 2013 01:17 Publicado en Valores
 
Timidez-y-baja-autoestima 
Dr. Raúl Martínez Mir
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La adolescencia es siempre una edad problemática. Pareciera que el mundo se gira contra el adolescente. A los cambios corporales producidos por las hormonas, a los cuales tienen que acostumbrarse, se producen otro grupo de cambios que van a influir en la vida del adolescente.

La conciencia social, que comienza a aparecer en torno a los 10 – 12 años, lo hace experimentar el hecho de que sus acciones van a ser evaluadas por sus iguales, lo que lo lleva a percibir vergüenza en más ocasiones, y consecuentemente, a inhibir su conducta, por miedo a la vergüenza que implicaría equivocarse.

En algunos casos, los éxitos y los fracasos sociales, suponen repetir o reprimir una conducta. La represión y la inhibición conductual, llevan al adolescente a reducir el número de reforzadores sociales que posee, y consecuentemente a ir aprendiendo un patrón de conducta más inhibido, o tímido. A esto le tenemos que añadir el ejemplo paterno, ya que la mayoría de los muchachos aprenden muchas de sus conductas de sus progenitores. Si su progenitor del mismo sexo, es tímido, es muy probable que el adolescente tenga un comportamiento muy similar al de su progenitor.

Remarcar también que en muchas ocasiones, los progenitores ven correcto el comportamiento tímido de sus hijos, ya que esto los lleva a estar más tiempo en casa, lo que hace que los padres se sientan más tranquilos. Antes de proseguir con mi argumentación, quiero aclarar, que esto en sí mismo, no está ni bien ni mal, simplemente es lo que probablemente desarrollará consecuencias posteriores en la autoestima del adolescente.

La autoestima

El concepto refiere a la evaluación que hacemos de nosotros mismos, y de nuestra actuación en diferentes áreas. Podríamos decir que tenemos una expectativa de cómo “deberíamos actuar”, y vemos la realidad de cómo actuamos. Cuanto más se parecen la expectativa y la realidad, mejor autoconcepto tenemos, y por tanto mejor autoestima.

En el caso del adolescente ocurre que en muchas ocasiones, su autovaloración es sesgada. Me he encontrado en consulta con muchachos que sólo valoran un área de su autoevaluación, normalmente el área social, sobre todo los más tímidos. Muchos argumentan que les gustaría ser como el fulanito que es el más popular, y al no encontrar semajanzas con él su autoestima se viene abajo. Les gustaría ser más sociable, que los inviten a fiesta, pero como son tímidos, como no saben que decir, sienten que son peores, lo que es obvio que afecta a su autoestima.

Está claro que el aspecto social es muy importante en esta etapa de la vida, mas sin embargo, hemos de hacer ver al adolescente, que está obviando en su autoevaluación otras muchas áreas que son muy importantes, y en las que probablemente ellos superan con creces al fulanito. Son mejores estudiantes, hijos, hermanos, cocineros, informáticos, amigos, etc.

Finalmente, las habilidades sociales se pueden aprender, es cuestión de práctica, como todo, y con el tiempo ellos pueden ser exitosos como esa persona a la que admiran. En ocasiones cometerán errores, pero hay que aprovechar estos para aprender, y mejorar. Un error no demuestra que soy un inútil, tan sólo constata un área de mi persona que tengo que trabajar y en la que puedo mejorar. Todos nos hemos equivocado alguna vez, también el fulanito, tan sólo tenemos que entender que forma parte del aprendizaje, y como dice el dicho, “errar es humano, pero corregir es de sabios”.

Dr. Raúl Martínez Mir
cel. (662) 148-8850
www.raulmmir.galeon.com

 

 

Sábado, 04 Mayo 2013 01:12 Publicado en Valores
 
Padresconhijosadolescentes
Nidia Santellanes Madrigal
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Los hijos adolescentes han crecido sin duda en un medio muy diferente al que sus padres se desenvolvieron, ahora tienen desde muy pequeños acceso a tecnología que los padres antes ni soñábamos.El cambio en todos los niveles se da con una rapidez sorprendente y apenas acabamos de aprender a manejar un teléfono; un iPad o iPhone, por poner un ejemplo, cuando ya tenemos otra versión nueva encima.

Nuestros hijos se adaptan a las mil maravillas, saben cómo manejar todo tipo de aparatos; nosotros con muchos trabajos tratamos de adaptarnos.

Hay cosas que no cambian, y eso son los sentimientos. Por parte de los padres hacia los hijos, los amamos desde el primer día que los tuvimos en nuestros brazos, y nos da un miedo tremendo ese mundo desconocido al que nuestro hijo, en la adolescencia, se adentra. Ellos por su parte, se encuentran con que se les dificulta poner en palabras todo ese mundo poco claro, confuso, donde ya no quieren la protección de sus padres y, sin embargo, saben que la necesitan porque perdieron la certeza de sus valores infantiles; hacen cosas que provocan la reacción agresiva más que comprensiva de sus padres.

Sin embargo, los hijos necesitan saber de la experiencia de los padres, y los padres de las incertidumbres e indefensiones de sus hijos. Él o ella necesita sentirse aceptado en su grupo de amigos, necesita encajar, desarrollar un sentido de pertenencia y de seguridad en ese mundo adolescente. Es por ello necesario que en esta etapa la comunicación sea realmente efectiva, empática, caracterizada por un escuchar genuino y por un reconocer el dolor o malestar interno del o la joven, para ayudarlo a encontrar soluciones efectivas.

 

 

 
 

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