Martes, 28 Marzo 2017 18:43

¿Comprometida con el Príncipe Azul?

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Hace unos días tuve una conversación con una amiga en la que me comentaba lo decepcionada que estaba con ella misma por haber elegido como esposo a un hombre que en el día a día no era el tipo de persona con el que ella había soñado estar casada. Pasé dos horas sentada escuchado sus quejas de cómo su esposo hacía cosas que la sacaban de quicio.

Salí de aquel café pensando en que el 50% de la responsabilidad de que su relación no fuera como la soñó era suya. Ella esperaba que su esposo fuera este hombre que cumpliera a cabalidad con la lista de atributos físicos y emocionales que ella había ido creando en su mente desde joven, de manera que esto, lo hiciera el hombre ideal para ella y el calificado para hacerla feliz. ¿Logran identificar lo absurdo de esa última oración?

El príncipe azul
Me atrevo a decir que todas nosotras hemos llegado a poner nuestra felicidad en el hecho de encontrar a ese príncipe azul exactamente como lo soñamos. Tampoco pedimos tanto, ¿verdad?, simplemente un hombre dulce y amoroso con su familia; un ejemplo a seguir para nuestros hijos, buen amigo y buen amante, y que sobre todas las cosas nos sea fiel hoy y siempre.

Y aunque igual que ustedes tuve esa lista en mi mente por años, temo decirles que esa es la raíz del problema de no tener a nuestro lado el hombre que soñamos. Esperamos que nuestra pareja sea un modelo que se ajuste a nosotras, a lo que consideramos que es el ideal de un hombre. Como cuando vamos a una tienda en busca de unos zapatos y esperamos encontrarlos exactamente como los queremos.
La falsa idealización
Desde niñas nos enseñan a ser como nuestros padres esperan que seamos. Desde el primer día medimos y señalamos lo que nos gusta y lo que no nos gusta de aquellas personas. Pero si nos detuviéramos a pensar que nuestras parejas son personas que también están en un proceso de crecimiento y evolución, y que nosotras como sus compañeras podemos aportarles de una manera incalculable a su trabajo interior, tendríamos el poder de convertirnos en su verdadera “otra mitad” en lugar de convertirnos en las juezas que les dictaminan cómo y cuándo hacer las cosas.

Si en lugar de criticar que el hombre con el que estamos no tiene todas las cualidades que esperamos encontrar, nos preocupáramos por conocerlo mejor, la relación se convertiría en un trabajo mutuo y no en una espera o reclamo constante para que él sea lo que esperamos.

Los cuentos de princesas nos dieron el mal ejemplo de que el príncipe llegará a salvarnos en el momento preciso. Pero al crecer nos dimos cuenta de que la realidad es otra. Despertamos en un mundo donde el príncipe es un ser humano con dudas, miedos, inseguridades, cambios de temperamento y sueños propios, es decir, con la misma cantidad de defectos y virtudes que nosotras.

Las invito a ver sus relaciones como espacios compartidos, donde cada uno tiene la misma responsabilidad con el otro. Pensemos que nuestros príncipes también necesitan en momentos que sus princesas los rescaten. Y que, a medida que fomentemos un ambiente equilibrado en nuestras relaciones, construiremos un “nosotros” constante y sólido que tendrá más oportunidad de ser para siempre.

Maritza Rodríguez es actriz de talla internacional, reconocida por su participación en El señor de los cielos; así mismo, es modelo y especialista en negocios. Actualmente, Maritza realiza un blog, lo puedes encontrar en la siguiente página: maritzarodriguez.com. Youtube: Con M de Mujer by Maritza

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