Viernes, 27 Octubre 2017 18:58

El camino hacia la aceptación y el crecimiento

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Mientras Sergio y Laura están en su sesión psicoterapéutica, surge la siguiente situación: “¿Por qué, si se supone que soy la persona a quien más amas, te es tan fácil enojarte conmigo?”, “¿por qué en ocasiones yo recibo la peor versión de ti?”, le pregunta Sergio a su esposa.

Expectativa y realidad
Una expectativa es algo que una persona considera que puede ocurrir, es una suposición que se enfoca en el futuro, que puede ser acertada o no. En psicología, expectativa se define como un sentimiento, un deseo similar al que se tiene cuando se trata de la esperanza, pero a diferencia de esta última, la expectativa casi siempre depende de los demás para cumplirse, involucra a otros, a sabiendas o sin saberlo. Se relaciona con la espera de algo de los demás y dependiendo de qué tan bien cumplan los otros con lo esperado, será nuestra reacción y comportamiento posterior. Si la expectativa no se cumple, puede generar distintos cambios de ánimo en la persona tales como decepción, frustración, enojo y tristeza.

Hace un par de semanas se publicó una nota donde predominaba el encabezado “Mexicanos se divorcian más y se casan menos”, en ella se explicaba que entre el año 2000 y el 2015 el número de separaciones legales aumentó 136.7%, mientras que los matrimonios se redujeron en 21.4%. Como motivos se citan entre otros: la infidelidad, la inmadurez y las expectativas exageradas del cónyuge, cuando se piensa que el otro es perfecto y que se encargará de mantener todas sus necesidades (económicas, sociales y emocionales) cubiertas.

Las expectativas surgen en cada relación (matrimonio, amistad, laboral y familiar). Esperamos tanto que los demás sean como nosotros deseamos, que nos volvemos incapaces de aceptarlos como realmente son; luchamos por convertir al otro en nuestra propia versión, pero esto es imposible y no es lo mejor.

Aceptación y amor
¿Qué pasaría si renunciáramos a nuestras expectativas? Quizás nos permitiríamos ver a esa persona como realmente es, con sus defectos y sus virtudes. Es allí donde inicia el proceso de aceptación, considerando las virtudes y defectos de la otra persona y aprendiendo a reconocer los nuestros. A esto se le define como “amor saludable”.

El amor saludable no es perfecto, pero en su natural expansión manifiesta la perfección de un mundo que permanece porque está en constante cambio. Este amor imperfecto y saludable se manifiesta cuando eres consciente de que no necesitas a la persona amada para existir, y quedas libre para elegir amarla, crecer con ella y a través de ella.

Te propongo un ejercicio para el día de hoy: elabora una lista de todas aquellas imperfecciones o defectos que veas en el otro e inicia la lista con la frase “me molesta”, ejemplo: “me molesta tu desorden”. Ahora te propongo cambiar la frase inicial por “te agradezco”, ejemplo: “te agradezco tu desorden” y buscarle un sentido, algo así como “te agradezco tu desorden, porque a través de él me enseñas a ser más flexible”.

Lic. Paulina Pimentel Dessens
Psicoterapeuta Familiar y Psicóloga Familiar en CRIT Sonora
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