Lunes, 29 Mayo 2017 18:52 Publicado en Familia

 

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Hace más de tres décadas que egresé de mi especialidad como médico pediatra. Recuerdo que al servicio de urgencias nos llegaban casos de adolescentes heridos por accidentes diversos, como atropellamientos, caídas de motocicletas y peleas, lo de siempre. Tristemente, hoy han cambiado drásticamente estas urgencias; ahora los jóvenes llegan víctimas de delitos con armas blancas y de fuego.

Cuando uno es joven, es común creer que las enfermedades no nos llegarán o que somos invencibles. De niños se nos inculca que un joven sano será un ciudadano positivo para el progreso y cuidado de sus familias. Por eso hay que proteger a los adolescentes, para tener adultos fuertes y sanos.

Salud en la adolescencia
La adolescencia implica una evolución y un desarrollo constantes. Nuestro cuerpo experimenta un desarrollo físico e intelectual extraordinario. Se requiere una alimentación más cuidada que nunca, horas suficientes de ejercicio y sueño, prevención del abuso de sustancias tóxicas y enriquecimiento intelectual.

El inicio de la adolescencia varía, pero generalmente es entre los 12 y 13 años de edad; esta etapa termina a los 18 años, dando paso a la etapa del adulto joven. Hay que cuidar la salud de los adolescentes para formar adultos triunfadores, porque al final del día la salud es un triunfo.

La mayoría de los jóvenes en esta etapa pasan por la secundaria o la preparatoria. Las autoridades de salud deben intensificar sus programas de promoción de la salud en estas edades, para que los menores sepan cómo cuidarse por sí mismos tanto como sea posible. Así podrán prevenirse adicciones, enfermedades venéreas, y evita que caigan en actividades delictivas.

Recomendaciones
• Que la escuela realice exámenes psicométricos en los jóvenes para detectar debilidades y fortalezas, tanto emocionales como intelectuales.
• Fortalecer los programas de educación y promoción de la salud dirigidos a adolescentes.
• Actualizar la cartilla de vacunación para ayudarlos a prevenir enfermedades como el tétano, hepatitis A y B, y varicela, entre otras.
• Dormir 8 horas mínimo.
• Cuidar su salud emocional para prevenir el abuso de drogas y alcohol, y brindarles la información necesaria para que tomen decisiones sabias en estos ámbitos.
• Incitar la práctica de deportes.
• Brindarles la información necesaria para que su vida social sea sana, y crear puentes de comunicación padre-hijo para estar enterados de lo que viven los menores.
• Educarlos para que vivan su sexualidad como mejor funcione para ellos, y sepan cómo mantener estas prácticas seguras, libres de embarazos no deseados y enfermedades venéreas.
• Darles las facilidades para que se cuiden, de manera que puedan aprovechar avances médicos, como la vacuna del papiloma.

Lo más importante es no olvidar que no debemos juzgar a nuestros jóvenes, sino orientarlos. Debemos fomentar el amor familiar, la comprensión y la comunicación con nuestros hijos. Procuremos tener su confianza y demostrar con el ejemplo que son importantes para nosotros. Todo por su bienestar.

Dr. Heriberto Fuentes García. Médico pediatra adscrito al Hospital Infantil del Estado. UAG-HIES. SSA 71703. DGP 55803. PED. 3188883.

Viernes, 28 Abril 2017 21:51 Publicado en Familia

 

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La personalidad inmadura se caracteriza fundamentalmente por el infantilismo: rasgos y mecanismos psicológicos propios de la infancia, como si el paso del tiempo no les hubiese servido para adquirir otros nuevos, propios del desarrollo normal de la personalidad. Cuando esta discordancia de edad es suficientemente notable y toma un curso prolongado, se forma un trastorno de la personalidad con características y consecuencias específicas.

Rasgos de la personalidad
Las personas inmaduras tienen un conocimiento equívoco de sí mismas, que se caracteriza por su superficialidad. Aunado a esto, también se encuentra una falta de coherencia en planteamientos personales, los cuales no son más que corolarios naturales de la ausencia de una identidad personal suficientemente configurada y de un objetivo de vida realista y perfilado.

Otra característica inequívoca de la personalidad inmadura es tener una gran dificultad para admitir con naturalidad sus carencias, fallas y limitaciones, tanto las de los demás como las de la vida misma. Esto encarrila al inmaduro a escapar hacia un mundo de fantasías en donde se cumplen sus deseos insatisfechos.

Tal como le ocurre a la mayoría de los niños, los adultos con personalidad inmadura son muy impacientes y caprichosos, vicios que los orillan a caer en la pretensión de querer lograr inmediatamente sus objetivos. Difícilmente son capaces de soportar dificultades a corto plazo por obtener beneficios más tarde. Por esta razón, el inmaduro tiende a actuar de un modo primario, guiado casi exclusivamente por el hoy y el ahora, sin reparar en las consecuencias de su comportamiento. Su falta de constancia responde a una falta de planteamientos realistas.

Consecuencias y dificultades
El inmaduro sufre frecuentes altibajos anímicos, desencadenados, la mayoría de las veces, por motivos insignificantes. Igualmente, el inmaduro tiene poca tolerancia a la frustración, lo cual lo cuasi-determina a destruir cualquier proyecto cuando algún fracaso está al acecho.

Si alguien se niega a que se cumplan sus deseos, el inmaduro reacciona impulsivamente, a veces con agresividad, lo cual deteriora sus relaciones personales, que suelen ser un tanto conflictivas por su dificultad para dar y recibir afecto, para comunicarse con los demás, para dejarse conocer y establecer lazos afectivos francos, sinceros y profundos.

En otras ocasiones, se puede advertir que el inmaduro padece de una exagerada influencia de opiniones ajenas, quedando al arbitrio de la moda, temas coyunturales o de la influencia pasajera de alguna persona que, en ese momento, adopta como líder. Es a lo que comúnmente se entiende por "falta de personalidad".

 

Mtro. Sergio Oliver Burruel. Asociación Sonorense de Psicología Aplicada (ASPA). Cédula profesional UNAM 1104356. Cédula maestría UNO3425172. Cel. (662) 256 4064.

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Miércoles, 29 Marzo 2017 18:12 Publicado en Familia

 

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La familia reconstituida es un tipo de familia que ha existido siempre. En el pasado, estas familias surgían con la muerte de uno de los cónyuges y el emparejamiento del padre o de la madre con otra persona. Hoy se le conoce así al modelo de familia en la que ya sea uno o ambos miembros de la pareja tiene hijos de una relación anterior.

Es conveniente que al comenzar la convivencia, los adultos responsables tengan una actitud paciente y de confianza. Cuando se informe a los hijos sobre la decisión de convivir, es importante buscar que se expresen los sentimientos y dificultades que este cambio conlleva. No es conveniente forzar los avances ni disimular las emociones; en estos momentos, el deseo adulto de que todo marche bien y de forma inmediata no se cumplirá, se requiere tiempo. Lo primordial es trabajar para que se forme un sentido de pertenencia a la familia.

Una nueva familia
Otra de las cuestiones que puede ser preocupante es la reacción de sus hijos e hijas ante la nueva situación. Aunque cada familia es diferente, el modo en que las personas adultas responden a esta situación va a influir en la adaptación de los hijos e hijas a la misma.
Los sentimientos y las preocupaciones sobre la pareja y familia anteriores pueden complicar el proceso de adaptación. En este sentido, una comunicación asertiva con la expareja puede fomentar la confianza, y redundar en mayor tranquilidad para los hijos ante los cambios que se van a dar.

Mis hijos, tus hijos
Típicamente los hijos e hijas menores de 10 años presentan mayor facilidad de adaptación a esta situación y terminan aceptando a la nueva persona en la familia. El siguiente intervalo de edades, entre los 10 y 14 años, presenta más dificultades de adaptación a la nueva familia. Son más propensos a sentimientos de abandono y a una sensación de competencia respecto a la nueva pareja. Además, el conflicto o sentimiento de lealtad hacia el padre o la madre biológica puede llevarlos a boicotear la relación con la nueva pareja.

En esta etapa pueden mostrar mayor sensibilidad a las expresiones tanto de afecto como de sexualidad entre su padre o madre y la nueva pareja. Esto puede favorecer la comprensión justamente de tales expresiones y los sentimientos que las originan. En algunos casos, los sentimientos de culpa pueden lograr que los padres y madres sean más permisivos. Por lo tanto, es necesario estar atentos a las alianzas que puedan surgir con hijos e hijas, ya que nos dificultarán marcar límites claros.

Establecer límites durante la adolescencia es un reto. Si a esta situación se le añade la convivencia con una persona que el adolescente no acepta ni reconoce como autoridad, esto es aún más problemático. Las normas deben ser similares para todos los hijos e hijas, tanto los que viven a diario en ese hogar como los que pasan tiempos breves. Es conveniente clarificar quién tiene la responsabilidad educativa y el ejercicio de autoridad, y no delegar en la pareja una función que no le corresponde al otro.

Mtro. Sergio Oliver Burruel, psicólogo y adictólogo. Asociación Sonorense de Psicología Aplicada (ASPA). Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. y Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. Cel. (662) 256 4064. Cédula profesional: UNAM 1104356 y Cédula maestría: UNO3425172.

 
 

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