Lunes, 29 Mayo 2017 19:44 Publicado en Familia

 

familia30mayo

 

Al inicio de la vida, el humano pasa por etapas de ajuste, aprendizaje y desarrollo, tanto físico como mental. Durante estas transiciones, nadie está exento de padecimientos tales como ansiedad y depresión. Existen muchos factores que pueden contribuir a que el niño o adolescente los experimente: desde los cambios hormonales, transiciones intelectuales, sociales y sexuales propias del desarrollo, hasta problemas como violencia intrafamiliar, acoso escolar y el duelo por la pérdida de un ser querido, entre otros. Si estas situaciones no se tratan adecuadamente, pueden desencadenar un problema emocional.

Detéctala a tiempo
Como adultos, a veces es difícil siquiera considerar la posibilidad de que un niño o adolescente pueda padecer depresión, pero es necesario aceptarlo para encontrar una solución. Según estudios realizados en Estados Unidos, el 1% de los bebés, 4% de los niños en edad preescolar, 5% de los niños en edad escolar y 11% de los adolescentes en ese país cumplen con los criterios que coinciden con un trastorno depresivo mayor. Estas cifras son alarmantes, ya que en muchos de estos casos no se identifican los síntomas o no se actúa en tiempo y forma adecuados para asegurar un tratamiento eficaz.

Datos sobre la depresión infantil y del adolescente:
• Es una enfermedad real, no es debilidad ni pereza. Los niños que llegan a padecerla se ven afectados en sus habilidades emocionales, sociales, físicas y conductuales. Esto se debe a factores biológicos que predisponen al desarrollo de la enfermedad y otros eventos de vida, los cuales en conjunto precipitan su aparición.
• No desaparece por sí sola. Tampoco se trata de una “cuestión de actitud”, ignorar el problema no solucionará nada. Lo mejor es buscar atención especializada. En los niños y adolescentes que reciben tratamiento, el porcentaje de casos de mejora es superior al 80%.
• Si tu hijo padece depresión, no significa que seas un mal padre. Los niños y adolescentes por lo general enmascaran lo que sienten por miedo o desconocimiento. La única manera de identificar estos trastornos como padres es educándonos para identificar los síntomas.
• Un niño deprimido no siempre es solitario. Como mencioné anteriormente, un menor con depresión podría fingir estar feliz y socializar, aun cuando en su interior esté pasando por conflictos emocionales intensos.
• El riesgo de suicidio en niños y adolescentes es un peligro real. El suicidio en adolescentes es la tercera causa de muerte en Estados Unidos y en la mayoría de los casos se asocia con cuadros depresivos no tratados.

Finalmente, los síntomas sobre los cuales deberíamos estar al pendiente de identificar en niños y adolescentes son los siguientes:

• Cambios en el patrón de sueño (duerme mucho o no duerme).
• Pérdida de la autoestima.
• Irritabilidad, mal humor, intolerancia o tristeza excesiva.
• Preocupación excesiva por su imagen física.
• Cambios en la alimentación que ocasionen un aumento o descenso notable de peso.
• Actitud apática o pérdida de interés en sus actividades favoritas.
• Aislamiento excesivo.
• Abandono de sus amistades y grupos sociales.
• Pláticas frecuentes sobre la muerte, o pensamientos negativos recurrentes.


Dr. Luis Daniel Avila Gámez

Médico Psiquiatra certificado por el Consejo Mexicano de Psiquiatría. Grupo Médico Fátima

Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Lunes, 29 Mayo 2017 18:52 Publicado en Familia

 

familia29mayo

Hace más de tres décadas que egresé de mi especialidad como médico pediatra. Recuerdo que al servicio de urgencias nos llegaban casos de adolescentes heridos por accidentes diversos, como atropellamientos, caídas de motocicletas y peleas, lo de siempre. Tristemente, hoy han cambiado drásticamente estas urgencias; ahora los jóvenes llegan víctimas de delitos con armas blancas y de fuego.

Cuando uno es joven, es común creer que las enfermedades no nos llegarán o que somos invencibles. De niños se nos inculca que un joven sano será un ciudadano positivo para el progreso y cuidado de sus familias. Por eso hay que proteger a los adolescentes, para tener adultos fuertes y sanos.

Salud en la adolescencia
La adolescencia implica una evolución y un desarrollo constantes. Nuestro cuerpo experimenta un desarrollo físico e intelectual extraordinario. Se requiere una alimentación más cuidada que nunca, horas suficientes de ejercicio y sueño, prevención del abuso de sustancias tóxicas y enriquecimiento intelectual.

El inicio de la adolescencia varía, pero generalmente es entre los 12 y 13 años de edad; esta etapa termina a los 18 años, dando paso a la etapa del adulto joven. Hay que cuidar la salud de los adolescentes para formar adultos triunfadores, porque al final del día la salud es un triunfo.

La mayoría de los jóvenes en esta etapa pasan por la secundaria o la preparatoria. Las autoridades de salud deben intensificar sus programas de promoción de la salud en estas edades, para que los menores sepan cómo cuidarse por sí mismos tanto como sea posible. Así podrán prevenirse adicciones, enfermedades venéreas, y evita que caigan en actividades delictivas.

Recomendaciones
• Que la escuela realice exámenes psicométricos en los jóvenes para detectar debilidades y fortalezas, tanto emocionales como intelectuales.
• Fortalecer los programas de educación y promoción de la salud dirigidos a adolescentes.
• Actualizar la cartilla de vacunación para ayudarlos a prevenir enfermedades como el tétano, hepatitis A y B, y varicela, entre otras.
• Dormir 8 horas mínimo.
• Cuidar su salud emocional para prevenir el abuso de drogas y alcohol, y brindarles la información necesaria para que tomen decisiones sabias en estos ámbitos.
• Incitar la práctica de deportes.
• Brindarles la información necesaria para que su vida social sea sana, y crear puentes de comunicación padre-hijo para estar enterados de lo que viven los menores.
• Educarlos para que vivan su sexualidad como mejor funcione para ellos, y sepan cómo mantener estas prácticas seguras, libres de embarazos no deseados y enfermedades venéreas.
• Darles las facilidades para que se cuiden, de manera que puedan aprovechar avances médicos, como la vacuna del papiloma.

Lo más importante es no olvidar que no debemos juzgar a nuestros jóvenes, sino orientarlos. Debemos fomentar el amor familiar, la comprensión y la comunicación con nuestros hijos. Procuremos tener su confianza y demostrar con el ejemplo que son importantes para nosotros. Todo por su bienestar.

Dr. Heriberto Fuentes García. Médico pediatra adscrito al Hospital Infantil del Estado. UAG-HIES. SSA 71703. DGP 55803. PED. 3188883.

Viernes, 28 Abril 2017 21:51 Publicado en Familia

 

familia28abril

La personalidad inmadura se caracteriza fundamentalmente por el infantilismo: rasgos y mecanismos psicológicos propios de la infancia, como si el paso del tiempo no les hubiese servido para adquirir otros nuevos, propios del desarrollo normal de la personalidad. Cuando esta discordancia de edad es suficientemente notable y toma un curso prolongado, se forma un trastorno de la personalidad con características y consecuencias específicas.

Rasgos de la personalidad
Las personas inmaduras tienen un conocimiento equívoco de sí mismas, que se caracteriza por su superficialidad. Aunado a esto, también se encuentra una falta de coherencia en planteamientos personales, los cuales no son más que corolarios naturales de la ausencia de una identidad personal suficientemente configurada y de un objetivo de vida realista y perfilado.

Otra característica inequívoca de la personalidad inmadura es tener una gran dificultad para admitir con naturalidad sus carencias, fallas y limitaciones, tanto las de los demás como las de la vida misma. Esto encarrila al inmaduro a escapar hacia un mundo de fantasías en donde se cumplen sus deseos insatisfechos.

Tal como le ocurre a la mayoría de los niños, los adultos con personalidad inmadura son muy impacientes y caprichosos, vicios que los orillan a caer en la pretensión de querer lograr inmediatamente sus objetivos. Difícilmente son capaces de soportar dificultades a corto plazo por obtener beneficios más tarde. Por esta razón, el inmaduro tiende a actuar de un modo primario, guiado casi exclusivamente por el hoy y el ahora, sin reparar en las consecuencias de su comportamiento. Su falta de constancia responde a una falta de planteamientos realistas.

Consecuencias y dificultades
El inmaduro sufre frecuentes altibajos anímicos, desencadenados, la mayoría de las veces, por motivos insignificantes. Igualmente, el inmaduro tiene poca tolerancia a la frustración, lo cual lo cuasi-determina a destruir cualquier proyecto cuando algún fracaso está al acecho.

Si alguien se niega a que se cumplan sus deseos, el inmaduro reacciona impulsivamente, a veces con agresividad, lo cual deteriora sus relaciones personales, que suelen ser un tanto conflictivas por su dificultad para dar y recibir afecto, para comunicarse con los demás, para dejarse conocer y establecer lazos afectivos francos, sinceros y profundos.

En otras ocasiones, se puede advertir que el inmaduro padece de una exagerada influencia de opiniones ajenas, quedando al arbitrio de la moda, temas coyunturales o de la influencia pasajera de alguna persona que, en ese momento, adopta como líder. Es a lo que comúnmente se entiende por "falta de personalidad".

 

Mtro. Sergio Oliver Burruel. Asociación Sonorense de Psicología Aplicada (ASPA). Cédula profesional UNAM 1104356. Cédula maestría UNO3425172. Cel. (662) 256 4064.

Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. y Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 
 

Edición Impresa

Nuestras Ediciones