Viernes, 28 Abril 2017 21:51 Publicado en Familia

 

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La personalidad inmadura se caracteriza fundamentalmente por el infantilismo: rasgos y mecanismos psicológicos propios de la infancia, como si el paso del tiempo no les hubiese servido para adquirir otros nuevos, propios del desarrollo normal de la personalidad. Cuando esta discordancia de edad es suficientemente notable y toma un curso prolongado, se forma un trastorno de la personalidad con características y consecuencias específicas.

Rasgos de la personalidad
Las personas inmaduras tienen un conocimiento equívoco de sí mismas, que se caracteriza por su superficialidad. Aunado a esto, también se encuentra una falta de coherencia en planteamientos personales, los cuales no son más que corolarios naturales de la ausencia de una identidad personal suficientemente configurada y de un objetivo de vida realista y perfilado.

Otra característica inequívoca de la personalidad inmadura es tener una gran dificultad para admitir con naturalidad sus carencias, fallas y limitaciones, tanto las de los demás como las de la vida misma. Esto encarrila al inmaduro a escapar hacia un mundo de fantasías en donde se cumplen sus deseos insatisfechos.

Tal como le ocurre a la mayoría de los niños, los adultos con personalidad inmadura son muy impacientes y caprichosos, vicios que los orillan a caer en la pretensión de querer lograr inmediatamente sus objetivos. Difícilmente son capaces de soportar dificultades a corto plazo por obtener beneficios más tarde. Por esta razón, el inmaduro tiende a actuar de un modo primario, guiado casi exclusivamente por el hoy y el ahora, sin reparar en las consecuencias de su comportamiento. Su falta de constancia responde a una falta de planteamientos realistas.

Consecuencias y dificultades
El inmaduro sufre frecuentes altibajos anímicos, desencadenados, la mayoría de las veces, por motivos insignificantes. Igualmente, el inmaduro tiene poca tolerancia a la frustración, lo cual lo cuasi-determina a destruir cualquier proyecto cuando algún fracaso está al acecho.

Si alguien se niega a que se cumplan sus deseos, el inmaduro reacciona impulsivamente, a veces con agresividad, lo cual deteriora sus relaciones personales, que suelen ser un tanto conflictivas por su dificultad para dar y recibir afecto, para comunicarse con los demás, para dejarse conocer y establecer lazos afectivos francos, sinceros y profundos.

En otras ocasiones, se puede advertir que el inmaduro padece de una exagerada influencia de opiniones ajenas, quedando al arbitrio de la moda, temas coyunturales o de la influencia pasajera de alguna persona que, en ese momento, adopta como líder. Es a lo que comúnmente se entiende por "falta de personalidad".

 

Mtro. Sergio Oliver Burruel. Asociación Sonorense de Psicología Aplicada (ASPA). Cédula profesional UNAM 1104356. Cédula maestría UNO3425172. Cel. (662) 256 4064.

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Miércoles, 29 Marzo 2017 18:12 Publicado en Familia

 

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La familia reconstituida es un tipo de familia que ha existido siempre. En el pasado, estas familias surgían con la muerte de uno de los cónyuges y el emparejamiento del padre o de la madre con otra persona. Hoy se le conoce así al modelo de familia en la que ya sea uno o ambos miembros de la pareja tiene hijos de una relación anterior.

Es conveniente que al comenzar la convivencia, los adultos responsables tengan una actitud paciente y de confianza. Cuando se informe a los hijos sobre la decisión de convivir, es importante buscar que se expresen los sentimientos y dificultades que este cambio conlleva. No es conveniente forzar los avances ni disimular las emociones; en estos momentos, el deseo adulto de que todo marche bien y de forma inmediata no se cumplirá, se requiere tiempo. Lo primordial es trabajar para que se forme un sentido de pertenencia a la familia.

Una nueva familia
Otra de las cuestiones que puede ser preocupante es la reacción de sus hijos e hijas ante la nueva situación. Aunque cada familia es diferente, el modo en que las personas adultas responden a esta situación va a influir en la adaptación de los hijos e hijas a la misma.
Los sentimientos y las preocupaciones sobre la pareja y familia anteriores pueden complicar el proceso de adaptación. En este sentido, una comunicación asertiva con la expareja puede fomentar la confianza, y redundar en mayor tranquilidad para los hijos ante los cambios que se van a dar.

Mis hijos, tus hijos
Típicamente los hijos e hijas menores de 10 años presentan mayor facilidad de adaptación a esta situación y terminan aceptando a la nueva persona en la familia. El siguiente intervalo de edades, entre los 10 y 14 años, presenta más dificultades de adaptación a la nueva familia. Son más propensos a sentimientos de abandono y a una sensación de competencia respecto a la nueva pareja. Además, el conflicto o sentimiento de lealtad hacia el padre o la madre biológica puede llevarlos a boicotear la relación con la nueva pareja.

En esta etapa pueden mostrar mayor sensibilidad a las expresiones tanto de afecto como de sexualidad entre su padre o madre y la nueva pareja. Esto puede favorecer la comprensión justamente de tales expresiones y los sentimientos que las originan. En algunos casos, los sentimientos de culpa pueden lograr que los padres y madres sean más permisivos. Por lo tanto, es necesario estar atentos a las alianzas que puedan surgir con hijos e hijas, ya que nos dificultarán marcar límites claros.

Establecer límites durante la adolescencia es un reto. Si a esta situación se le añade la convivencia con una persona que el adolescente no acepta ni reconoce como autoridad, esto es aún más problemático. Las normas deben ser similares para todos los hijos e hijas, tanto los que viven a diario en ese hogar como los que pasan tiempos breves. Es conveniente clarificar quién tiene la responsabilidad educativa y el ejercicio de autoridad, y no delegar en la pareja una función que no le corresponde al otro.

Mtro. Sergio Oliver Burruel, psicólogo y adictólogo. Asociación Sonorense de Psicología Aplicada (ASPA). Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. y Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. Cel. (662) 256 4064. Cédula profesional: UNAM 1104356 y Cédula maestría: UNO3425172.

Martes, 28 Marzo 2017 17:46 Publicado en Familia

 

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El matrimonio es sin duda una de las decisiones que implica cambios relevantes en nuestra vida y en el entorno en el que nos desenvolvemos, pues elegimos a la persona con quien compartiremos formas de vida, valores, sentimientos y experiencias. Un atributo necesario digno de análisis antes de contraer matrimonio es el que tiene que ver con el patrimonio, entendiéndolo como el conjunto de derechos, bienes y obligaciones que tienen un valor económico.

Sociedad conyugal y separación de bienes
El Código de Familia para el estado de Sonora reconoce dos regímenes patrimoniales para el matrimonio, a saber, sociedad conyugal y separación de bienes. El primer tipo de régimen establece que los bienes y obligaciones adquiridos a partir de la constitución del matrimonio serán comunes entre los cónyuges, es decir, ambos tendrán en partes iguales los mismos beneficios de propiedad, uso y disfrute, así como las mismas obligaciones con respecto a las cargas. En cambio, el régimen de separación de bienes establece que a partir del matrimonio cada uno de los cónyuges tendrá sus propios bienes y sus propias deudas, sin existir comunidad patrimonial entre ellos.

¿Cuál de los regímenes patrimoniales conviene adoptar al momento de contraer matrimonio? La respuesta a esta pregunta se podría zanjar delimitando el para qué del matrimonio. Dicho prontamente, la finalidad del matrimonio es crear una comunidad de vida, experiencias y valores, pero también una comunidad de bienes y obligaciones.

En este orden de ideas, me parece que a la hora de elegir el régimen patrimonial se tendría que agregar como elemento de análisis la conveniencia o no de establecer un régimen donde no existan bienes comunes, sino bienes de cada uno de los cónyuges, así como la desactivación de las así llamadas “deudas adquiridas” por alguno de los cónyuges, las cuales pueden afectar la parte proporcional de los bienes del otro cónyuge. Así pues, establecer un régimen de separación de bienes resulta ser la alternativa más prudente para proteger los bienes que durante el matrimonio se vayan adquiriendo.

Lic. Wenceslao Cota Amador es abogado.

Tel. 210 6775

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