Miércoles, 05 Julio 2017 17:07 Publicado en Familia

 

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En ediciones anteriores hemos hablado acerca de la importancia de tener rutinas apegadas a un horario para el desarrollo óptimo de niños y niñas, ya que la repetición de una tarea o actividad los lleva a adquirir hábitos desde pequeños. Tener interiorizados una serie de hábitos los ayuda a sentirse más seguros, tranquilos y les da una sensación de estabilidad tanto como para ellos mismos, como para el ambiente familiar. Fijar horarios y repetir hábitos hacen que el niño alcance un equilibrio emocional y se dote de una importante ayuda para la construcción de su personalidad.

Las vacaciones de verano son muy esperadas por los pequeños, ya que son un momento para relajarse, jugar y dormir tarde. Durante el curso escolar, los niños saben cuáles son sus rutinas académicas y se apropian. Cuando llega el verano, estas rutinas suelen romperse intempestivamente, poniendo de manifiesto irritabilidad, berrinches y mala conducta, motivo de la inestabilidad que experimentan. Debemos recordar que la importancia e influencia positiva de las rutinas en los niños es primordial para su bienestar, en vacaciones se puede ser flexible con los horarios; sin embargo, romper las rutinas genera confusión, inestabilidad e inseguridad en los pequeños.

Horarios
En verano se puede ser más flexible con los horarios de despertar y de dormir; no obstante, aunque permitas que tus hijos se duerman una hora más tarde, siempre debes procurar que duerman las horas necesarias respecto a su edad. También trata de que las comidas continúen siendo a la misma hora y que no se salten ninguna. Asimismo, se recomienda que los niños duerman más horas en los días en los que tienen mayor actividad física o cognitiva. Es recomendable que estos cambios sean progresivos y que, dos semanas antes de iniciar el siguiente ciclo escolar, se vayan apegado a los horarios habituales del curso académico.

Responsabilidades
Una buena opción para que los niños se entretengan y no abandonen responsabilidades es aprovechar el verano para que colaboren en las tareas del hogar: labores como doblar su ropa, tender la cama, acompañar a hacer las compras y cocinar, entre otros. No se trata de solo darles responsabilidades para mantenerlos ocupados, sino de fomentar su autonomía y su participación en las dinámicas del hogar para propiciar la sana convivencia familiar. Pueden organizar un proyecto familiar como arreglar el jardín, pintar y decorar un cuarto, entre muchas más.

Expande sus horizontes
Este tiempo libre es la oportunidad perfecta para que los pequeños puedan probar diversas actividades. Es fácil: pregúntales qué les gustaría y llévalos a algún curso o campamento de verano; es la oportunidad para que tu hijo/a se sumerja en un mundo de opciones, como pintura, teatro, deportes, ciencias y astronomía, entre muchos más.

Organícense en familia
Organicen todos juntos nuevos horarios para hacer las vacaciones más divertidas y provechosas, en los que todos los integrantes propongan actividades o juegos, y donde todos participen. Tengan en cuenta que la mayoría de las escuelas designan deberes para reforzar ciertos conocimientos durante las vacaciones; si este es su caso, es importante que evites que las actividades tengan que ver con lo mismo, ya que esto resultará tedioso para ellos y para ustedes.

Jessica Martha Muciño López
Licenciada en Psicología con Máster en Psicopedagogía.
Psicopedagoga en Keystone Institute.
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Miércoles, 28 Junio 2017 20:11 Publicado en Familia

 

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El calor es uno de los principales factores de deshidratación tanto para el adulto como para el menor, por eso es importante conocer los alimentos que nos ayudan a hidratar nuestro cuerpo. En la mayoría de los casos, a los niños en esta temporada les apetece más el beber que comer, de ahí la importancia de cuidar su alimentación diaria.

Frutas y verduras de temporada
Aprovecha las frutas y verduras de estación, que son fuente importante de vitaminas y minerales, son ricas en fibra y bajas en calorías, evitando así el estreñimiento y el sobrepeso.

La fruta que mayormente se disfruta en esta estación del año es la sandía; además de tener un atractivo color, la sandía es una fruta fresca y dulce compuesta por un 93% de agua. El agua de sandía es ideal después de un gran esfuerzo físico. De igual manera, con la llegada del calor, no hay nada más adecuado que las fresas, son hidratantes y fortalecen nuestro sistema inmunológico. Otra fruta más es el melón, gran fuente de antioxidantes que ayuda a regular el azúcar en la sangre. Incluye estas frutas en tus bebidas y postres.

Es importante que los platillos vayan siempre acompañados de una gran variedad de verduras, esto hará que sean más agradables a la vista. Ya sea con queso o algo para aderezar, las verduras de temporada son un primer plato rico en nutrientes esenciales y muy adecuadas tanto para las comidas como para la cena.
Opciones refrescantes y saludables
Ideas como una paleta fría de fruta natural o solo aguas frescas de frutas naturales son excelentes y muy ricas opciones para mantenerlos hidratados, además de que a los niños les resulta bastante atractivo. Solo necesitarás: leche, fruta, una batidora y un molde de paletas.

Recomendaciones
En general, los niños deben comer de todos los grupos de alimentos, respetando siempre los valores generales, que son: 55% hidratos de carbono, 25% grasas y 20% proteínas, ya que se encuentran en una etapa crucial para su desarrollo y necesitan una alimentación completa. Es importante cuidar sus porciones y su actividad física, para que sus músculos y esqueleto se desarrollen totalmente.
•Evita alimentos chatarra y jugos con exceso de azúcar (los embotellados), y elige opciones más naturales (jugo de fruta natural).
•Haz que los platillos se vean más coloridos o juega con los alimentos formando figuras.
•Aprovecha las verduras y frutas de estación, pues cada una de ellas aporta distintas vitaminas y minerales.
•Respeta la digestión. Dependiendo del tipo de comida se debe respetar el periodo de digestión antes de bañarse o meterse al agua; deben esperar al menos 30 minutos, de no hacerlo, puede ocasionar dolor abdominal, vómito y mareo.
•Las colaciones son importantes, lo mantendrán con mayor energía y evitará que el niño llegue con mucha hambre a la hora de la comida o la cena.

Andrea A. Martinez Ruiz

Licenciada en Nutrición.

Tel. (662) 424 5211

Martes, 30 Mayo 2017 19:32 Publicado en Familia

 

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Cuando nuestros hijos entran a la escuela es inevitable sentir un poco de estrés porque sabemos que la vida los irá llevando por un camino distinto al nuestro. Su crecimiento es una odisea que los conduce por distintos caminos: conocen gente y adquieren nuevos hábitos. En la secundaria, nuestros hijos comienzan a salir al cine y a comer con sus amigos, e incluso a fiestas que pueden terminar un poco tarde. Como padres de familia debemos de estar al pendiente de con quién salen y a dónde van; controlar la hora de llegada y saber quién estará a cargo de ellos. Hacemos todo esto con el fin de estar al pendiente de su crecimiento, pues tratamos de evitar que nuestros hijos caminen por la dirección equivocada.

Malos pasos
Nada aterra más a un padre que pensar que un hijo anda en malos pasos; que asume conductas fuera de lo normal y que sus amistades no son las esperadas. Para prevenir esto, conviene estar atentos a los siguientes síntomas:

1. Aislamiento: se van distanciando poco a poco de su familia.
2. Silencio: dejan de comunicarse con los demás y se vuelven reservados; evitan hablar con sus padres y no responden a sus preguntas.
3. Abandono de actividades: dejan de realizar actividades que antes los apasionaba.
4. Cansancio: pasan mucho tiempo en su habitación, ya sea durmiendo o simplemente encerrados.
5. Bajo rendimiento escolar.
6. Pasan mucho tiempo en la calle y no hablan de las actividades que realizan.

Estos signos indican que algo no está bien con nuestros hijos. Si tu hijo presenta alguna de estas señales, lo mejor es tratar de comunicarse con él. En efecto: si bien es cierto que estos signos son señales de una alta probabilidad de que tu hijo ande por malos pasos, también pueden ser síntomas de depresión.

Encara las circunstancias
Hay dos formas de hacer frente a esta situación: pasándola por alto o encarándola sin tapujos. A veces es muy sencillo decir “aquí no pasa nada”, pues nos da miedo toparnos con una realidad que quizá no sea de nuestro agrado. No obstante, lo mejor que podemos hacer es asumir nuestro papel de padres, buscando una solución para evitar que lo que sucede crezca y se salga de control. 


El amor a los hijos implica educarlos con disciplina, trazando ciertos límites. Debemos de darles un horario de salida y de llegada; inculcarles responsabilidades en el hogar, como mantener limpio su cuarto o que ayuden a lavar los trastes. Igualmente, hay que incitarlos a realizar actividades extraescolares, como leer un libro, practicar algún; incluso podemos darles la responsabilidad de una mascota, a propósito de que crezcan en responsabilidad. Nuestras acciones los ayudarán a aprender y a asumir las consecuencias de sus actos.


Es importante darnos un tiempo para observar y conocer a nuestros hijos: si no lo hacemos, no podremos detectar cuando hay un cambio normal y esperado de su conducta o si se encienden los focos de alerta. Fomentemos la comunicación familiar para tejer bien los lazos entre cada uno de los miembros de la familia, de tal manera que el hogar sea un espacio donde reine la confianza. ¡Dales la oportunidad de expresarse sin juzgarlos! Solo así podremos lograr una comunicación más fluida, asertiva y afectiva.

Lic. Nidia Santellanes Madrigal. Coach y asesora psicoeducativa.

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