Jueves, 28 Septiembre 2017 20:38

Obligaciones compartidas

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familia29septiembre

La inserción laboral de la mujer constituyó la necesidad de un cambio de roles en los núcleos familiares, todavía hoy vemos casos de mujeres a las que se les exige seguir manteniendo el rol de ama de casa y además mantener su trabajo, y observamos atónitos cómo se le llega a reclamar por faltar a alguno de ellos.

Sin embargo, esta situación está cambiando, sobre todo en las nuevas generaciones. La mayoría de las parejas actuales son conscientes de que esta nueva realidad social que les ha tocado vivir conlleva hacer mancuerna en las labores domésticas, y que cuando se unen para la convivencia, es recomendable la distribución de las tareas para tener mayor armonía, estabilidad y mejor convivencia.

Convivir y compartir
En una piñata, una señora me comentó: “qué bueno que ayuda usted a su esposa con la niña”; creo que la señora quedó muy sorprendida con mi respuesta: “yo no la ayudo, la niña también es mi responsabilidad; compartimos la tarea de su educación”. Considero que no hay que “ayudar” en casa, desde el momento que decidimos convivir con alguien, hay una serie de actividades que tendremos que hacer; sin embargo, estas son propias de la convivencia y hemos de aceptarlas como tal. El gran inconveniente comienza en la distribución de hacer esas tareas y en las distintas formas que cada uno tiene para hacerlas.

Repartir tareas
En un primer momento, la idea inicial es de igualdad, el famoso “todo parejo”. Se pretende que ambos hagan y aporten el 50%; sin embargo, eso es algo muy complejo y difícil de conseguir, ya que no siempre se pueden dividir las actividades. En este punto, la recomendación es sencilla: de la lista de actividades que hay que realizar, decidan entre ustedes cuáles son las que va a desempeñar cada uno; empiecen por elegir las actividades que más les agradan, después aquellas actividades que no les gustan pero que no les molesta realizar, y finalmente, si les quedan actividades, seleccionen aquellas que les desagradan a ambos, en estos casos pueden echarlas a la suerte o hacer turnos. Recuerden: no se busca que ambas partes tengan la misma cantidad de tareas, sino que las realicen para mejorar la convivencia.

Realizar las actividades
Luego tenemos un punto que es más complicado de resolver: ¿cómo se hacen las tareas? Iniciemos aclarando algo muy importante: venimos de familias distintas, y por consiguiente es muy probable que hayamos aprendido a hacer las cosas de forma distinta, en ese sentido no hay un criterio preestablecido para indicar si están bien o mal: “es que en mi casa se lavan los platos después de cada comida”, “pues en la mía los lavamos todos los del día después de cenar”, pues creo que la conclusión es que hay que lavarlos.

En este punto tenemos que ser flexibles y volver a un sistema práctico. Claramente, hay cosas que no hacemos igual y no nos llevan el mismo tiempo. Comencemos con aquellas que no nos molestan; por ejemplo: si mi pareja dobla las toallas de forma distinta a como yo lo hago, pero no me molesta y al otro tampoco, simplemente cada uno las seguiremos doblando a su manera. Incluso puede haber momentos que consideremos que la alternativa del otro es mejor que la nuestra y adoptemos esa forma de hacer las cosas. Llegaremos a un punto donde habrá algunas actividades en las que no estaremos de acuerdo, la solución será la comunicación.

 

Dr. Raúl Martínez Mir es psicólogo y catedrático de la Universidad de Sonora. Recibe comentarios al correo: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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