Jueves, 28 Septiembre 2017 17:41

La unión matrimonial según Fichte

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El filósofo alemán Johann Gottlieb Fichte (1762-1814) sostenía sin titubeos que el destino del varón y la mujer es el matrimonio. Le tenía tanta fe, que aseguraba que “una persona no casada es un hombre a medias”. Fichte veía en esta unión el punto de intersección donde brota de la manera más perfecta tanto la capacidad de amar de la mujer como la magnanimidad del varón. Según el filósofo, el amor y la magnanimidad son las condiciones que hacen posible la moral. Por lo tanto, la relación matrimonial establece las condiciones para que los seres humanos poseamos un conjunto de principios morales que dicten nuestras acciones.

El amor según el género
Lo que distingue a la mujer del varón es su abrumadora capacidad para amar. No resulta extraño, entonces, que sea la mujer quien reviste la entrega amorosa del matrimonio, a saber, la totalidad personal y la incondicionalidad temporal. Según Fichte, estas características implican la completa entrega de facultades, fuerzas y deseos para la eternidad. El mayor tributo de este gesto es la entrega de la personalidad (lo que creemos ser) y todo lo que tenemos; es una donación ilimitada. La determinación matrimonial dependiente del amor femenino es un regalo asimétrico, que no se rige por la virtud de la justicia: no se da para recibir.

Por extraño que parezca, uno esperaría que Fichte etiquetara el matrimonio como un deber incondicionado, puesto que es lo que nos hace verdaderamente humanos; sin embargo, sostiene que el matrimonio no puede ser solo una obligación sin condiciones, ya que no es exclusivamente dependiente de la libertad personal sino de la unión entre libertad y amor. El amor es el detonante de la entrega libre e incondicionada del varón y la mujer, y es lo que permite que ambas partes sean fieles entre sí.

Matrimonio y plenitud
Fichte identifica al varón y a la mujer con la etiqueta de “hombre”. Para que el hombre pueda ser pleno, tiene que desplegar tanto su aspecto físico como su aspecto moral. Los aspectos más nobles de los seres humanos solo pueden desplegarse a carta cabal en el matrimonio, “el amor entregado de la mujer; la magnanimidad oferente del varón, que lo sacrifica todo por la propia compañera; la necesidad de ser una persona digna, no por sí misma, sino por el amor del cónyuge; la verdadera amistad (pues la amistad solo es posible en el matrimonio, en el cual es además un fenómeno necesario), sensibilidad paterna y materna, entre otros”.

La filosofía moral de Fichte expone que el egoísmo es un sentimiento que no puede ser erradicado del ser humano, pues es un defecto de fábrica. El medicamento para el egoísmo es el matrimonio, pues este lo dulcifica. En palabras del filósofo, “la tendencia originaria del hombre es ser egoísta; en el matrimonio, la naturaleza misma lo guía a olvidarse en el otro; y partiendo de la naturaleza, el lazo matrimonial de ambos sexos es la única vía de ennoblecer al hombre”.

Diego Espinoza Bustamante

Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana. Actualmente trabaja como adjunto de rectoría de la Universidad Panamericana.

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