Martes, 30 Mayo 2017 19:32

Detecta malas compañías

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familia1junio

 

Cuando nuestros hijos entran a la escuela es inevitable sentir un poco de estrés porque sabemos que la vida los irá llevando por un camino distinto al nuestro. Su crecimiento es una odisea que los conduce por distintos caminos: conocen gente y adquieren nuevos hábitos. En la secundaria, nuestros hijos comienzan a salir al cine y a comer con sus amigos, e incluso a fiestas que pueden terminar un poco tarde. Como padres de familia debemos de estar al pendiente de con quién salen y a dónde van; controlar la hora de llegada y saber quién estará a cargo de ellos. Hacemos todo esto con el fin de estar al pendiente de su crecimiento, pues tratamos de evitar que nuestros hijos caminen por la dirección equivocada.

Malos pasos
Nada aterra más a un padre que pensar que un hijo anda en malos pasos; que asume conductas fuera de lo normal y que sus amistades no son las esperadas. Para prevenir esto, conviene estar atentos a los siguientes síntomas:

1. Aislamiento: se van distanciando poco a poco de su familia.
2. Silencio: dejan de comunicarse con los demás y se vuelven reservados; evitan hablar con sus padres y no responden a sus preguntas.
3. Abandono de actividades: dejan de realizar actividades que antes los apasionaba.
4. Cansancio: pasan mucho tiempo en su habitación, ya sea durmiendo o simplemente encerrados.
5. Bajo rendimiento escolar.
6. Pasan mucho tiempo en la calle y no hablan de las actividades que realizan.

Estos signos indican que algo no está bien con nuestros hijos. Si tu hijo presenta alguna de estas señales, lo mejor es tratar de comunicarse con él. En efecto: si bien es cierto que estos signos son señales de una alta probabilidad de que tu hijo ande por malos pasos, también pueden ser síntomas de depresión.

Encara las circunstancias
Hay dos formas de hacer frente a esta situación: pasándola por alto o encarándola sin tapujos. A veces es muy sencillo decir “aquí no pasa nada”, pues nos da miedo toparnos con una realidad que quizá no sea de nuestro agrado. No obstante, lo mejor que podemos hacer es asumir nuestro papel de padres, buscando una solución para evitar que lo que sucede crezca y se salga de control. 


El amor a los hijos implica educarlos con disciplina, trazando ciertos límites. Debemos de darles un horario de salida y de llegada; inculcarles responsabilidades en el hogar, como mantener limpio su cuarto o que ayuden a lavar los trastes. Igualmente, hay que incitarlos a realizar actividades extraescolares, como leer un libro, practicar algún; incluso podemos darles la responsabilidad de una mascota, a propósito de que crezcan en responsabilidad. Nuestras acciones los ayudarán a aprender y a asumir las consecuencias de sus actos.


Es importante darnos un tiempo para observar y conocer a nuestros hijos: si no lo hacemos, no podremos detectar cuando hay un cambio normal y esperado de su conducta o si se encienden los focos de alerta. Fomentemos la comunicación familiar para tejer bien los lazos entre cada uno de los miembros de la familia, de tal manera que el hogar sea un espacio donde reine la confianza. ¡Dales la oportunidad de expresarse sin juzgarlos! Solo así podremos lograr una comunicación más fluida, asertiva y afectiva.

Lic. Nidia Santellanes Madrigal. Coach y asesora psicoeducativa.

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